El (trillado) párrafo de “Tristes trópicos”. Vale, no es original, pero és maco y tiene que estar aquí.

Segunda entrega en pleno furor bloggero. Espero no tener que borrar muchas entradas. Voy a confesarme aquí: siempre que acabo de escribir algo, pienso que lo que he escrito está peor que fatal y que he escrito una inmensa chorrada, lo cual muchas veces es verdad, y, de golpe, me entra una especie de impulso irrefrenable de borrarlo. Lo paso mal, eh! De hecho, este blog es para superar este pánico a la hoja escrita (que no a la hoja en blanco, como sería lo habitual…). La “seminintimidad” que me da el formato blog, creo que me puede ayudar. Allá vamos con la terapia.

Sempre pensé que cuando tuviera un blog, me gustaría colgar este fragmento de texto de Tristes Trópicos de Lévi-Strauss. Ya sé que el texto en cuestión está muy ‘sobao’ y que es de primero de antropología, pero bueno, ¿qué pasa? Una que es muy primaria… A mí me sigue emocionando cada vez que lo leo y en verdad tiene bastante que ver con mi manera de entender la vida y de enfocar esta cosa que llamamos “antropología” y que a veces, ni yo sé bien bien lo que es (y menos lo que no es).

Me sabe mal poner el final de un libro, porque como que le quitas las emoción de llegar al final y ver cómo acaba. Las últimas palabras de un libro (igual que las primeras) siempre son especiales y simbólicas, pero como tampoco es un libro de misterio, pues a lo mejor tampoco pasa nada, no? Si sirve de consuelo, diré que si se lee el libro completo, cuando llegas al final, el efecto emotivo de los dos últimos párrafos es mucho mayor y  el significado cobra un sentido completo dentro del conjunto del libro.

Lo iba a poner en catalán, lengua en la que me leí por primera vez este libro y que es el que guardo en casa con cariño, todo subrayado y hecho caldo, las páginas ya amarillentas, los años no perdonan. No quiero desmerecer la versión en castellano, pero, al lado de la de Miquel Martí i Pol, no hay color. Este fragmento en concreto, en catalán, es especialmente lindo. Pero lo que pasa es que, a mi parecer, tiene una pega: cuesta de entender. Si uno no tiene un catalán muy fino –o si uno anda falto de paciencia para parar, retroceder, releer–, corre el riesgo de perder por el camino el sentido y la fuerza del contenido y pasar por alto la belleza y la importancia de lo que dice Lévi-Strauss a propósito del ser humano y de su paso por el planeta.

Se pueden comentar montonazo de cosas sobre el fragmento. La intención aquí no es comentarlas, solo que cuando lo leo me hace pensar que es vital no perder de vista cuál es nuestro lugar aquí. Y que no somos nada. O visto de otra manera más positiva, que somos un elemento más entre todo “lo terrícola”. Que se nos bajen ya los humos humanoides, que ya hemos hecho mucho daño. Darnos cuenta de esto es lo que nos haría verdaderamente dignos habitantes de la Tierra. Es una buena manera de hacer uso de nuestra libertad. En ese aspecto, tenemos mucho que aprender del resto de cosas y seres con los que cohabitamos y a los que muchas veces despreciamos o simplemente nos limitamos a usar a nuestro antojo (para después tirarlos).

pajaro_oruga

Si el individuo ya no está solo en el grupo y cada sociedad ya no está sola entre las cosas, el hombre no está solo en el universo. Cuando el arco iris de las culturas humanas termine de abismarse en el vacío perforado por nuestro furor, en tanto que estemos allí y que exista un mundo, ese arco tenue que nos une a lo inaccesible permanecerá, mostrando el camino inverso al de nuestra esclavitud, cuya contemplación –a falta de recorrerlo– procura al hombre el único favor que sabe merecer: suspender la marcha, retener el impulso que lo constriñe a obturar una tras otra las fisuras abiertas en el muro de la necesidad y acabar su obra al mismo tiempo que cierra su prisión; ese favor que toda sociedad codicia cualesquiera que sean sus creencias, su régimen político y su nivel de civilización, donde ella ubica su descanso, su placer, su reposo y su libertad, oportunidad esencial para la vida, de ‘desprenderse’ y que consiste –¡adiós salvajes!, ¡adiós viajes! –, durante los breves intervalos en que nuestra especie soporta suspender su trabajo de colmena, en aprehender la esencia de lo que fue y continúa siendo más acá del pensamiento y más allá de la sociedad: en la contemplación de un mineral más bello que todas nuestras obras, en el perfume, más sabio que nuestros libros, respirado en el hueco de un lirio, o en el guiño cargado de paciencia, de serenidad y de perdón recíproco que un acuerdo involuntario permite a veces intercambiar con un gato.

12 de octubre de 1954–5 de marzo de 1955”

[Claude Lévi-Strauss, Tristes trópicos, Paidós, BCN, 2011. Trad. Noelia Bastard]

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