Liputa

Segunda entrega del especie-de-ciclo “Etnomúsica (y eso qué es lo que éeee?)” que empecé hace ya un montón de tiempo con Koffi Olomidé y ahí se quedó atascado, hasta hoy. Pues bien, hoy cuelgo una de las canciones que más me gustan de otro artista congoleño, Fally Ipupa.

Este músico, cantante y bailarín empezó como miembro de Quartier Latin, el grupo de bailarines y coristas de Koffi Olomidé y posteriormente emprendió el camino en solitario con su propia banda. Actualmente es un músico muy popular en África y también fuera de ella, especialmente entre la población de origen africano-central que vive en Europa y América.

Dejo esta canción titulada «Liputa», que en lingala significa «paño/pañuelo», que vendría a ser, para entendernos, los “pareos” de telas estampadas y pintadas en colores vivos con los que se visten tradicionalmente muchas mujeres africanas (supongo que con estas indicaciones a lo bruto, la imagen de la prenda a la que me refiero ya viene a la cabeza). El lingala es la lengua de origen bantú que se habla en los dos Congos, RDC-Kinshasa y RC-Brazzaville.

La canción y la letra son muy largas. Como siempre. Es una canción de amor y de desamor, como la mayoría de canciones de Fally. De momento, pongo un pequeño fragmento de la letra en lingala, que ya sé que en la mayoría de los casos no será de ayuda para la comprensión, pero bueno. Pongo su correspondencia en francés (variante congoleña). A ver si tengo un poco de tiempo y la traduzco entera al castellano. Según mis asesores personales de lingala (dicho así, queda superprofesional…), la letra se las trae y no es fácil traducirla, pues parece que tiene muchos giros y frases hechas propias de la lengua que son casi intraducibles… Pero estamos en ello.  Tardaremos más o menos, pero la traduciremos! Lo prometo!

Enjoy!

Liputa

Dabu fatu,tangu ozo lekaleka na voiture na yo ya chère,
tiaka pe Liputa na coffre, po ofinikaka ba é ba kufa malili ya bolingo….
Fally: 
Bolingo neti oxygène esi Ekoti Ngai motéma moyen te nga boya cheri eeee
ezo pésa Pasi
eloko ekoki kokabola mosuni ya Moto na mposo be liwa
Mais bolingo ekomi kokabola ya ngai nzoto Dabu kolinga yo
il falait otika ngai na silissa tableau yango bolingo étikali inachevé.
Entre ngai na yo
kolinga nde ezalaki kulutu sima na yango
Koyina nde ebotami
Bolingo incolore inodore mpe limpide
ezwaka forme selon récipient. Dabu fatu.

ENS: Meka bebe meka kolakisa ngai ba facette caché
Qu’un jour obyanga nazala assuré
hypocrisie ezali synonyme ya lâcheté
Eloba ba kulutu uta kala na mokili
Fally:pourquoi lelo

ENS: pourquoi na komi ko naviguer na molili
koleka Titanic liboso ya iceberg .
Naya ko heurter yango sima na zala ecroulé
bakoma na ba livres etikala éternellement.

[continuará…]

Liputa (versión en francés)

Dabu Fatu, en roulant dans ta voiture chère,
Mets aussi un pagne dans son coffre,  afin que tu couvres ceux qui meurent du froid d’amour…
Fally: L’amour  comme de l’oxygène m’a déjà penetré dans mon coeur,
pas moyen de refuser Chérie
Ca fait mal,
Ce qui peut séparer la chair des os c’est la mort
Mais l’amour se met à séparer mon corps de t’aimer toi Dabu.
Il fallait me laisser vider ce tableau
L’amour est resté inachevé.
Entre toi et moi
Aimer était l’ainé
Haïr est venu(né) ensuite
L’amour est incolore, sans audeur et …
Il prend la forme selon le recipient qui le contient. Dabu Fatu.
ENS:
Essaies de m’hexiber les faces cachées:
Que je sois déjà rassuré Q”un jour tu me refuseras
L’hypocrisie est synonyme à la lachetté
Selon nos ancêtres
Fally:Pourquoi aujourd’hui
ENS: Pourquoi je navigue dans le noir
Plus que le Titanic en face de Iceberg
Je finirai par heurté et écroulé
On en parlera dans des livres, ça restera éternellement.

[continuará…]

Liputa (versión en castellano)

Próximamente en sus pantallas

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«J’habite de l’autre côté», vida de inmigrante

Moi un noir

Sigo con mi neura personal de ir colgando las cosas que siempre pensé que me gustaría poner en un blog el día que tuviera uno. Y como últimamente no sé que me pasa que estoy muy “visual”, pues hoy también pondré un link de un video (para variar…).

Pues bien, lo que hoy quiero colgar aquí es un clásico de la antropología, aunque también se ha de decir que parece que es un documento importante para la historia del cine, más concretamente dentro de lo que los entendidos conocen como la Nouvelle Vague francesa, pues el documental en cuestión fue una fuente de inspiración para el gran Jean-Luc Godard y su cine. Ojo, que no es que me haya vuelto entendida en cine, no. Sigo tan pez como siempre. Por lo que hasta aquí la contextualización cinéfila y me vuelvo a la cosa antropológica, que no es que entienda mucho más, pero bueno, a lo mejor sí que me defiendo con un poco más de dignidad (no mucha más, pero…).

Moi, un noir (Yo, un negro) es una película del antropólogo y cineasta francés Jean Rouch. Es de 1958 y es una especie de película que no sabría bien cómo clasificar, pero que, para entendernos, bien se podría decir que está a medio camino entre el documental etnográfico y la ficción de una película “normal”. Es “muy Rouch”. De hecho, parece que el formato de la peli es justo lo que entusiasmó a Godard.

Jean Rouch en esta peli retrata la vida de los trabajadores inmigrantes que viven en un suburbio de la ciudad de Abidjan, cuando Costa de Marfil aún era una colonia francesa, aunque ya se estaban empezando a preparar las independencias en África. Aunque pueda parecer muy lejano, el tema es más cercano y familiar de lo que parece a primera vista. No deja de ser un trabajo sobre inmigración en contexto urbano. Al fin y al cabo, «un urbícola africano es siempre un urbícola» que decía Clyde Mitchell y «un minero africano es siempre un minero» (Epstein). De hecho, es uno de los trabajos pioneros en este tema. Y bueno, en particular, no deja de ser el mismo tema de mi investigación doctoral (supongo que en este momento se me está viendo el plumero de por qué lo pongo…).

Es fascinante ver cómo en esa época, tanto los antropólogos franceses como británicos, que hasta entonces se habían interesado únicamente en estudiar los pueblos africanos y sus rollos étnicos, tribales y todo eso (los nuer, los azande, los dogon, etc.), pues se empiezan a interesar en investigar cómo era la vida de los trabajadores extranjeros en contextos urbanos africanos marcados por la creciente actividad capitalista que propiciaba el “saqueo” colonial y postcolonial de primeras materias (cereales, café, madera, minerales, etc.) y la necesidad de mano de obra barata para llevarlo a cabo. Como digo, no solo fue Rouch. Por la misma época, en el Copperbelt (región de Zambia y República Centroafricana), en la zona colonial británica, Clyde Mitchell, Max Gluckman and company se pusieron al frente del mítico Instituto Rhodes-Livingstone, cuyos estudios pioneros sobre este tema y sus planteamientos teóricos y metodológicos son aún hoy un punto de referencia y una fuente de inspiración para muchos de los que trabajamos en este ámbito temático específico.

Moi, un noir nos enseña cómo es la vida cotidiana de Oumarou Gandara y Petit Jules, dos jóvenes originarios de Níger y a quienes Rouch deja que sean ellos mismos quienes nos cuenten su historia y nos enseñen su vida. Incluso les deja que se pongan ellos mismos el nombre de los personajes que quieren interpretar en el filme: Oumarou Gandara es Edward G. Robinson y Petit Jules es Eddie Constantine. El filme juega entremezclando la dura realidad que viven estos dos jóvenes y el contraste con sus sueños y aspiraciones de una vida ideal. Esos sueños de grandeza de Oumarou y Petit Jules que les hacen sobrellevar su duro día a día los construyen con un imaginario sacado de las películas de Hollywood y de los campeonatos de boxeo americanos. Aunque tal vez, a tenor de los motivos decorativos de los salones de belleza, bares y tiendas que vemos constantemente a lo largo de la película, tal vez ese imaginario que les hacía soñar en ser como los actores y actrices de las películas americanas, no solo estaba en la cabeza de estos dos jóvenes, sino que lo estaba en las de toda la juventud obrera colonial de Treichville.

Ya no comento más, porque sino no acabo. Es una película muy bonita y es extraordinaria, de verdad. Las pelis de Jean Rouch son un placer. El link está en versión original en francés y subtitulado al inglés (siento no haberlo encontrado subtitulado al español…), pero creo que se puede entender y seguir bien. Por cierto, me encanta Dorothy Lamour.

Otro día ya me extenderé más en otras pelis geniales de Jean Rouch que también tienen que estar por aquí. Les maîtres fous, Petit à petit, La pyramide humaine, La chasse au lion à l’arc… A ver qué día aprendo a colgarlas en un dropbox o un photobucket de estos o algo así y no tener que tirar de youtubes, porque el día menos pensado quitan el video y se queda el post tirado. Paciencia, todo se andará.

Enjoy!


[P.D.: mensaje a los lectores de la primera versión nocturna (o vía mail) de este post: ciertamente, la noche a veces me confunde… fe de erratas… no es escuela de Chicago. La escuela a la que estaba directamente vinculado el Rhodes-Livingstone era obviamente la escuela de Manchester. Ya sé que Manchester y Chicago como que no están muy cerca. Pero a decir verdad, en realidad sí que lo están… Las tres escuelas (Chicago, Manchester y RLI) tenían plantemientos muy afines. Incluso algunos de los investigadores del Rhodes-Livingstone en particular recogieron directamente ideas de la ciudad y de lo urbano de Wirth, Blumer and company (los de Chicago)… Ahora que pienso, tampoco era un gran disparate esta confusión de ciudades (pero ha sido la costumbre…). En fin, que si no lo puntualizaba, no me quedaba tranquila.]

Django o la fuerza de la justicia

Django Unchained

Fui a ver Django Desencadenado, el último filme de Tarantino. No me defraudó. Al contrario. Y a pesar de que no he visto aún Lincoln, la otra película en cartel que presenta un tema parecido o cuando menos ambientado en una misma época histórica, no sé por qué, pero creo que me voy a quedar con Django. Y me da lo mismo lo que diga Spike Lee. Siempre he pensado que Quentin Tarantino es uno de los pocos directores americanos que trata a los negros (o afroamericanos) de tú a tú, desde un plano de igualdad real. Lo que me imagino que le incomoda a Spike Lee es que Tarantino haga pelis sin ceñirse a este trato artificial paranoide de lo políticamente correcto que impone la administración americana (que a nivel administrativo me parece muy bien, pero que ha calado en las relaciones sociales creando situaciones relacionales bastante extrañas). Tampoco le debe gustar que las pelis de Tarantino no tengan esa rebaba de lastimilla-compasión, que es la otra opción aceptada y políticamente correcta, pero que también en mi opinión es absolutamente inferiorizadora. No sé qué tal será Lincoln, pero sabiendo el tipo de película que es, me temo que en este sentido será más bien de alguno de estos dos tipos (o un poco de los dos). Temas administrativos o políticos al margen, yo prefiero un trato o unas relaciones sociales de igual a igual, siempre, que es como tienen que ser entre personas iguales, no? Y todo lo que no sea tratar al otro como un igual, me parece gravemente deleznable y que atenta a su dignidad como persona. Y suelo encontrar algo de esta dignidad franca en las películas de Tarantino.

Pero bueno, no vayamos a sacar las cosas de “pollaguera”. Además, que aún no he visto Lincoln y ya la estoy criticando… Aunque no sé si voy a ir a verla, porque estas superproducciones patrioteras yanquis siempre me dan muuuuucha pereza y aún más si son de Spielberg, el director “oficial” del Imperio. Y por no hablar de lo poco que me gustará comprobar las pequeñas “omisiones” en relación a la figura histórica de Lincoln y a su afinidad con ciertas corrientes comunistas de la época. Dejo aquí el link del interesante artículo que escribió Vicenç Navarro a propósito de esta especie de censura neoliberal (no solo en la película, sino en la historia oficial de EEUU): “Lo que la película ‘Lincoln’ no dice sobre Lincoln”

Pero vuelvo a Django. De la peli, hay muchas cosas que decir, pero hoy no quiero hacer una crítica. Solo quiero hacer una pequeña referencia al nombre de la película, que es a su vez el nombre del protagonista: Django (Jamie Foxx).

“Django” es un nombre mítico del spaghetti western, género que evoca Tarantino en esta película. Creo haber leído que lo eligió ex professo en homenaje a la película de Sergio Corbucci y cuyo protagonista se llamaba igual. La cosa es que, no sé si casualidad o no, el nombre de Django no solo tiene resonancias a spaghetti western, sino que también tiene resonancias africanas y al universo cultural de la esclavitud africana en América. Bueno, la verdad es que me inclino a pensar que más bien es pura casualidad y que tal vez ni Tarantino lo supiera y/o ni tuviera ninguna intención de que así fuera. O tal vez, sí. Pero no he leído ni oído en ninguna parte que él haga referencia directa a ello. Igual se me ha escapado (tampoco lo puedo leer todo!). En cambio, sí que he leído criticas y comentarios de gente afroamericana que fue a ver la película y que se ha percatado de esta “coincidencia”. Menos mal que hay más gente que lo diga… La verdad es que es una casualidad muy curiosa!

Sango o la fuerza de la justicia

Sangô, Xango, Shango, Changó, dependiendo de la zona geográfica y lingüística en la que nos hallemos, es el nombre de una popular divinidad de la religión yoruba.

Originariamente, desde el siglo XIV, el pueblo yoruba estaba agrupado política y militarmente bajo el Imperio Oyo, que se encontraba en África Occidental, en lo que hoy es Nigeria, así como en parte de los actuales Benín y Togo. El pueblo yoruba todavía hoy, ya sin imperio, claro está, sigue estando más o menos culturalmente ubicado en esa zona geográfica. Durante los siglos que duró el comercio de esclavos, el Imperio Oyo, con capital en la ciudad de Ifé, fue uno de los más activos en la captura y venta de esclavos africanos a los europeos, además de ejercer una influencia cultural importante en la zona que abarcaba su imperio e imperios vecinos (Fon o Dahomey).

Imperio Oyo (yoruba)

Antiguo Imperio Oyo (s. XIV-XVIII)

Eso significa que muchos de los esclavos africanos que fueron trasladados al continente americano o bien eran de etnia yoruba o bien conocían muy bien la cultura, la lengua y la religión de los yoruba, pues eran las marcas culturales hegemónicas de la zona. Por ese motivo, los esclavos africanos se llevaron a America, entre otras cosas, muchas de las divinidades del panteón religioso yoruba. Luego, los europeos que explotaban a los esclavos en las plantaciones les imponían por la fuerza la religión cristiana o católica, de ahí que surgieran toda una serie de ritos, creencias y prácticas llamadas “sincréticas” (vaya palabra, no me gusta nada, pero bueno…) como la Santería, el Lucumí en Cuba y Caribe, el Candomblé, la Umbanda en Brasil o lo que se montó en Oyotunji en Estados Unidos, entre otras muchas otras.

Pues bien, Sango es uno de los orisás (u orisha u orixá, según la zona) más conocidos del panteón yoruba. La mitología yoruba cuenta que fue el tercer rey del Imperio Oyo (algunos dicen que fue el cuarto) y que, a pesar de que era un gobernante muy duro, incluso se diría que un tirano, durante su reinado, el imperio se caracterizó por la prosperidad y la bonanza. También se cuenta que Sango era un rey guerrero y que con su fuerte carácter, su energía y su capacidad creativa, contribuyó de manera muy importante a la expansión y hegemonia del Imperio Oyo en la cuenca del río Níger. Sango muchas veces es representado montado a caballo, como un auténtico hombre de la guerra. Y representa cualidades como la fuerza viril, la belleza masculina, la pasión, la necesidad de vivir intensamente y la energía vital.

Sango es el dios de la tormenta, de los rayos y los truenos, del fuego, dando cuenta así de su energía, su poder y su fortaleza. Quien haya visto la película, creo que puede fácilmente identificar muchas de estas cualidades y atributos en Django, el personaje protagonista de la película de Tarantino.

Pero aún hay más. Otro aspecto que hace inevitable pensar en la vinculación Django-Sango es que si algo caracterizaba al orisá Sango, además de su inteligencia avispada, era su voluntad por encontrar la justicia y por ser justo. Por ese motivo, a menudo se le representa con un tocado por encima de la cabeza en forma de hacha de doble hoja, que simboliza la justicia y el equilibrio. Sango es pues también el orisá de la justicia, un aspecto que creo que es central en la película de Tarantino y que caracteriza de manera muy clara al personaje de Django.

Sango

Sango

Solo conociendo estos cuatro aspectos generales y así a lo bulto que he relatado en esta entrada sobre Sango, creo es más que inevitable reconocer en el personaje de Django algo más que una mera resonancia en el nombre y más teniendo en cuenta la temática de la película. Igual la asociación con Sango se la sacó Sergio Corbucci de la manga y Tarantino solo la ha hecho más explicita. No lo sé. Incluso algunos hasta se aventuran a identificar al personaje de Broomhilda (Kerry Washington), la mujer de Django, con Oshun, la segunda esposa de Sango, orisá de los manantiales y de las aguas dulces. Oshun es una divinidad femenina de peso dentro del panteón yoruba y representa el amor, la sensualidad, la delicadeza y la belleza femeninas. Hildi además de encajar con la mitología alemana, bien podría hacerlo también con la mitología yoruba.

No sé, tal vez es cierto que todo esto son castillos en el aire, especulación pura y dura, pero… chi lo sa?

Recuerdos de Harlem: una experiencia religiosa

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Photo: David Goldman for The New York Times

La primavera pasada, ya pronto hará un año (¡Dios mío, el tiempo va volando!), pude por fin irme a dar una vuelta por Nueva York. Hice montón de fotos. Bueno, supongo que lo típico cuando uno va de turisteo. Pero en verdad no es que sea una apasionada de hacer fotos. Más bien todo lo contrario. Además, reconozco que soy bastante mala en esto del “arte de la fotografía”. Mis fotografías siempre, indefectiblemente, pierden belleza y encanto respecto al original. Por eso, suelo reprimirme y no tomo demasiadas, porque salen feas y total, no vale la pena. Además, es que no me gusta nada esto de tirar fotos, me distrae de lo importante y tengo la sensación que me pierdo buena parte de lo que está pasando delante de mis ojos.

Pues a todo esto, no sé qué me pasó esta vez, que me dio por tirar fotos “a tort i a dret”. No obstante, he de confesar que, en realidad, las fotografías las hice, además de para dar cuenta a familiares y amigos de lo que vi y para intentar transmitirles mediante imágenes instantáneas lo que viví y sentí allí durante esos días (aunque al final casi no lo hice…), sobre todo las tomé para mí, para uso personal e intransferible.

Esos pocos días allí fueron una especie de largo paseo durante el cual me dediqué casi exclusivamente a deambular, a vagar perdida dejándome llevar absorta y abrumada por las calles y rincones de esta mágica ciudad. La cosa es que como una, que no tiene mucho mundo recorrido y que cuando sale de casa solo le falta la boina de Marianico el Corto y se deja sorprender de manera muy facilona, pues todo el tiempo que pasé en Nueva York fue un no parar de emociones y sensaciones. Y tan plácidamente metida en mi papel de flâneuse ocasional, me sobrevino una necesidad espiritual, aunque casi fisiológica, de retener de alguna manera la experiencia y las sensaciones que estaba viviendo, de cogerlas y no dejarlas escapar para que se quedaran conmigo (o mejor dicho, yo con ellas) para siempre.

Sobra decir que la idea fue un estrepitoso fracaso. Las fotos salieron feas, planas, muertas. Imposible retener en ellas todo lo percibido, sentido, vivido. Pero, en fin, menos es nada y ciertamente, hoy cuando miro las fotos se me activan los recuerdos y, con ellos, puedo casi oír y sentir aún un tenue rumor de todo lo vivido allí. Si bien es cierto que la intensidad del recuerdo se va atenuando a medida que pasa el tiempo, por lo menos quedan las fotos.

Pues bien, un poquito de estos recuerdos son los que quería compartir hoy en el blog. He pensado que como al final no hice el prometido fotolibro de marras, pues así la family y los friends, pues pueden aprovechar para verlas. Lo que cuelgo aquí son algunas instantáneas de Harlem, un barrio en el que tuve la oportunidad de pasar buena parte del tiempo que estuve por allí y en el que me hubiera quedado para siempre. Aunque me olvidé de recoger cosas esenciales que ahora echo de menos: las tiendas y puestos en la calle de esencias y aceites, las infinitas tiendas de productos de belleza para negros, los cientos de peluquerías de hombres, el mercadillo africano, las entrañables groceries con luces de neón como las que atracan en las pelis de Harlem, la Malcolm Shabazz Mosque, el Lenox Lounge, los restaurantes de soul food (vegan too!), las canchas de street basket del Marcus Garvey Park, el constante chirrido de las ruedas de los coches al arrancar (solo lo escuché en Harlem!), la música a todo trapo saliendo de los coches…

Fue precisamente de Harlem de dónde me llevé la experiencia más intensa de todas las que viví en Nueva York. Asistir a una misa de domingo en la First Corinthian Baptist Church fue una auténtica experiencia religiosa. Y aunque seguramente no leerá nunca esto, aprovecho para agradecer a Georgia que hiciera sus más y sus menos con la gente de su comunidad para que se avinieran a acomodarme en la zona de aforo normal de la iglesia y no en la zona apartada (casi en la intemperie) donde colocan habitualmente a los turistas. Ciertamente, escuchar y ver un coro de gospel es un bonito espectáculo, aunque sea en domingo y a las 8 de la mañana, y no solo desde un punto de vista musical. Sin embargo, lo más intenso de la misa, sin ninguna duda, no está en el escenario, sino en las bancadas.

Recuerdo a las acomodadoras distribuyendo pañuelos y abanicos para calmar el calor y el sudor entre los asistentes, las grandes pantallas de plasma que retransmitían la misa y que además avisaban de las matrículas de los coches mal estacionados, la estética y la forma de vestir de domingo tan inconfundible de las mujeres (y de los hombres!) de Harlem, las señoras mayores con su sombrero, bailando y cantando enérgicamente todas y cada una de las canciones del coro, las entradas en trance de algunos fieles y coristas, los hombres clamando al cielo para hacer llegar su voz a las alturas celestiales… Por supuesto que también fue un verdadero placer escuchar y vivir el sermón del pastor Michael A. Walrond Jr., el pastor Mike, como le llaman los habituales de la FCBC y que como me decía Georgia -siempre recordándome que me fijara bien en que el pastor Mike daba el sermón en jeans y americana: “Aunque no seas creyente, escuchar al pastor Mike te deja buen rollo dentro del cuerpo y te vuelves a casa con las pilas cargadas para toda la semana”.

Pues bien.. paradójicamente y a pesar de esa necesidad loca que me entró de recolectar impresiones y recuerdos, resulta que me dejé llevar tanto por la situación y la emoción colectiva de la misa, que no pensé en guardar ningún testigo de lo que viví en la iglesia, de manera que no conservo más recuerdo que el que, por supuesto, permanece en mi memoria y en mi piel. C’est dommage.

En fin, ahí van las cuatro fotillas mal echadas de este barrio que por supuesto, no hacen honor ni a su encanto, ni a su emoción, ni a su espíritu humilde, ni a su historia, ni a sus héroes, ni a su mística, ni a su magia.

Y hasta aquí la mamarrachada turística del día.

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Hoy toca…. ¡etnomúsica! (o algo que se le parece)

De entrada, decir que no sé qué caray es esto de la etnomúsica. O toda la música tendría que ser ‘etno’ o no lo tendría que ser ninguna. Pero no vamos a ponernos tiquis-miquis ahora. Supongo que es una manera pseudocorrecta de referirse a la música exótica en general (esto es: o la folklórica de toda la vida; o la rara, es decir, la que no es la de blancos americanos tipo Springsteen o Madonna, bueno vale, se acepta Beyoncé).

La verdad es que siempre queda bien poner lo de “etno”. Es como más respetuoso. Además, si tienes conocimientos sobre “etnomúsica” (no importa de donde sea), como que pareces un tipo (o tipa) de estos a los que les va el rollo este del mestizaje y la paz universal, aunque luego, en la intimidad, te pueda parecer una porquería. Y bueno, ya si encima la escuchas de verdad… buaaaa, ¡eres la caña! Escuchar música étnica desde tu ipod te convierte automáticamente en un alternativo, en un “anti-cultura de masas”. Es una de esas cosas que te hacen “guay”, tanto o más como ir a ver pelis a la filmoteca en lugar de al multisalas de Diagonal Mar. No sé si me explico…

Vaya ristra de estereotipos y de clichés sociales absurdos y chorras (¡pero tan cotidianos!) que acabo de soltar, pero creo que se me entiende lo que quiero decir, no? Supongo que se me entiende también el rintintín y la ironía con la que lo digo, pero ¡ojo!, no es un menosprecio a este tipo de personajes, es más bien una autocrítica, pues entre ellos seguramente me tendría que incluir a mí misma.

Pues ahí van los momentos etnomusicales del día.

Es un videoclip y una canción que me encantan de Koffi Olomidé. La canción se llama “Héros National”, ya tiene unos añitos, es del 2004, salió dentro del álbum Monde Arabe. Esto pertenecería a la cultura de masas, pero de masas africanas, lo cual, ¡oh paradoja!, chocaría con lo que he dicho al principio. Es lo de siempre, que según la orilla en la que estés, los raros son los otros, o el raro eres tú.

He de reconocer que soy una fan-nivel freak de estos videoclips. Este me mola especialmente porque hay un “machiembrado” tremendo de paranoias e imágenes culturales y sociales y de género y de todo, que te “fan anar de bòlit”. Es espectacular. Utiliza lugares comunes que no son nada comunes para un europeo y hay que reconocer que la primera vez que uno ve esto, impacta y no sabes si reírte o llorar.

La canción es un poco larga. Aún no he logrado entender por qué la mayoría de músicos africanos suelen hacer las canciones tan largas, pero es lo que hay. Aunque luego, cosa curiosa, cuando hacen canciones dirigidas a un público occidental, las hacen cortas. Mira a Papa Wemba… No sé, igual es un tema de discográficas y otras tiranías marketinianas nuestras. La canción está en lingala, una lengua vehicular de origen bantú con muchas palabras y expresiones cogidas del francés y que se habla en buena parte de África central, especialmente en los dos Congos (Congo-Kinshasa y Congo-Brazzaville, antes Zaire). No pongo la traducción, porque es larga de narices.

Pues venga, que pase le Grand Mopao, o lo que es lo mismo: “the Boss”!