I’m a creep, I don’t belong here…

La secuencia, canción incluida, es de la peli “Happily Ever After” (2004). Secuencia y música, son muy lindas. La secuencia se comenta por sí sola. La canción de Radiohead es de 1993. No soy muy entendida en música (no, en esto tampoco soy entendida), pero si tuviera que elegir las 10 mejores canciones del siglo XX, sin duda, esta estaría en mi lista personal. Las otras 9… bufff ¡ya las pensaré otro día! Esta canción, “Creep”, cuando la sacaron, parece que no la ponían mucho en la radio porque era muy deprimente. Pero, ostras, es que es real como la vida misma. Cuando uno es un bicho raro y encima se enamora, te sientes así de estúpido y piensas estas cosas. ¿o no? ¿o soy yo la rara (entonces sería rara al cuadrado)?

Dedicado a todos bichos raros, a los que sienten que no encajan aquí, que esto no va con ellos, you’re so fucking special

Pongo las letras en versión original y su traducción. Por cierto, la actriz es la de Melancholia, la hermana, Charlotte Gainsbourg.

CREEP

When you were here before
I couldn’t look you in the eye
You’re just like an angel
Your skin makes me cry

You float like a feather
In a beautiful world
I wish I was special
You’re so fucking special

But I’m a creep
I’m a weirdo
What the hell am I doing here?
I don’t belong here

I don’t care if it hurts
I wanna have control
I want a perfect body
I want a perfect soul

I want you to notice
When I’m not around
You’re so fucking special
I wish I was special

But I’m a creep
I’m a weirdo
What the hell am I doing here?
I don’t belong here, oh, oh

She’s running out again
She’s running out
Run, run, run, run!
Run!

Whatever makes you happy
Whatever you want
You’re so fucking special
I wish I was special

But I’m a creep
I’m a weirdo
What the hell am I doing here?
I don’t belong here
I don’t belong here

CREEP (castellano)

Antes cuando estuviste aquí
No pude mirarte a los ojos,
Eres como un ángel
Tu piel me hace llorar.
Flotas como una pluma
En un mundo hermoso,
Me gustaría ser especial,
Eres tan jodidamente especial.
Pero soy despreciable, soy un bicho raro.
¿Qué diablos estoy haciendo aquí?
No pertenezco aquí.
No me importa si duele,
Quiero tener el control,
Quiero un cuerpo perfecto,
Quiero un alma perfecta.
Quiero que te des cuenta,
Cuando no estoy cerca,
Eres tan jodidamente especial,
Desearía ser especial.
Pero soy repelente, soy un bicho raro.
¿Qué diablos estoy haciendo aquí?
No pertenezco aquí.
Ella se escapa por la puerta,
Ella huye,
Ella corre, corre, corre, corre.
Lo que te haga feliz,
Lo que tú quieras,
Eres tan jodidamente especial,
Desearía ser especial.
Pero soy odioso, soy un bicho raro.
¿Qué diablos estoy haciendo aquí?
No pertenezco aquí.
No pertenezco aquí.

¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

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Melancholia, Lars von Trier (2011)

«En la medida en que una actuación destaca los valores oficiales corrientes de la sociedad en la cual tiene lugar, podemos considerarla, a la manera de Durkheim y Radcliffe-Brown, como una ceremonia, un expresivo rejuvenecimiento y reafirmación de los valores morales de la comunidad. […] El mundo es, en verdad, una boda».

Erving Goffman, La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959)

La primera vez que vi esta obra de arte pensé en Goffman y Durkheim. Sociedad. Individuo. Melancolía… Pero es mucho más que eso. La película sugiere tantas cosas y sé que hay tantas otras que se me escapan… Es abrumadora.

Hasta el jueves que viene la reponen en el Cine Méliès (Barcelona), por si alguien de Barna se quiere regalar una noche de éxtasis cinéfilo en pantalla grande (como tiene que ser): Melancholia.

P.D.: El título del post lo “cogí prestado” de Ruben Darío.

«J’habite de l’autre côté», vida de inmigrante

Moi un noir

Sigo con mi neura personal de ir colgando las cosas que siempre pensé que me gustaría poner en un blog el día que tuviera uno. Y como últimamente no sé que me pasa que estoy muy “visual”, pues hoy también pondré un link de un video (para variar…).

Pues bien, lo que hoy quiero colgar aquí es un clásico de la antropología, aunque también se ha de decir que parece que es un documento importante para la historia del cine, más concretamente dentro de lo que los entendidos conocen como la Nouvelle Vague francesa, pues el documental en cuestión fue una fuente de inspiración para el gran Jean-Luc Godard y su cine. Ojo, que no es que me haya vuelto entendida en cine, no. Sigo tan pez como siempre. Por lo que hasta aquí la contextualización cinéfila y me vuelvo a la cosa antropológica, que no es que entienda mucho más, pero bueno, a lo mejor sí que me defiendo con un poco más de dignidad (no mucha más, pero…).

Moi, un noir (Yo, un negro) es una película del antropólogo y cineasta francés Jean Rouch. Es de 1958 y es una especie de película que no sabría bien cómo clasificar, pero que, para entendernos, bien se podría decir que está a medio camino entre el documental etnográfico y la ficción de una película “normal”. Es “muy Rouch”. De hecho, parece que el formato de la peli es justo lo que entusiasmó a Godard.

Jean Rouch en esta peli retrata la vida de los trabajadores inmigrantes que viven en un suburbio de la ciudad de Abidjan, cuando Costa de Marfil aún era una colonia francesa, aunque ya se estaban empezando a preparar las independencias en África. Aunque pueda parecer muy lejano, el tema es más cercano y familiar de lo que parece a primera vista. No deja de ser un trabajo sobre inmigración en contexto urbano. Al fin y al cabo, «un urbícola africano es siempre un urbícola» que decía Clyde Mitchell y «un minero africano es siempre un minero» (Epstein). De hecho, es uno de los trabajos pioneros en este tema. Y bueno, en particular, no deja de ser el mismo tema de mi investigación doctoral (supongo que en este momento se me está viendo el plumero de por qué lo pongo…).

Es fascinante ver cómo en esa época, tanto los antropólogos franceses como británicos, que hasta entonces se habían interesado únicamente en estudiar los pueblos africanos y sus rollos étnicos, tribales y todo eso (los nuer, los azande, los dogon, etc.), pues se empiezan a interesar en investigar cómo era la vida de los trabajadores extranjeros en contextos urbanos africanos marcados por la creciente actividad capitalista que propiciaba el “saqueo” colonial y postcolonial de primeras materias (cereales, café, madera, minerales, etc.) y la necesidad de mano de obra barata para llevarlo a cabo. Como digo, no solo fue Rouch. Por la misma época, en el Copperbelt (región de Zambia y República Centroafricana), en la zona colonial británica, Clyde Mitchell, Max Gluckman and company se pusieron al frente del mítico Instituto Rhodes-Livingstone, cuyos estudios pioneros sobre este tema y sus planteamientos teóricos y metodológicos son aún hoy un punto de referencia y una fuente de inspiración para muchos de los que trabajamos en este ámbito temático específico.

Moi, un noir nos enseña cómo es la vida cotidiana de Oumarou Gandara y Petit Jules, dos jóvenes originarios de Níger y a quienes Rouch deja que sean ellos mismos quienes nos cuenten su historia y nos enseñen su vida. Incluso les deja que se pongan ellos mismos el nombre de los personajes que quieren interpretar en el filme: Oumarou Gandara es Edward G. Robinson y Petit Jules es Eddie Constantine. El filme juega entremezclando la dura realidad que viven estos dos jóvenes y el contraste con sus sueños y aspiraciones de una vida ideal. Esos sueños de grandeza de Oumarou y Petit Jules que les hacen sobrellevar su duro día a día los construyen con un imaginario sacado de las películas de Hollywood y de los campeonatos de boxeo americanos. Aunque tal vez, a tenor de los motivos decorativos de los salones de belleza, bares y tiendas que vemos constantemente a lo largo de la película, tal vez ese imaginario que les hacía soñar en ser como los actores y actrices de las películas americanas, no solo estaba en la cabeza de estos dos jóvenes, sino que lo estaba en las de toda la juventud obrera colonial de Treichville.

Ya no comento más, porque sino no acabo. Es una película muy bonita y es extraordinaria, de verdad. Las pelis de Jean Rouch son un placer. El link está en versión original en francés y subtitulado al inglés (siento no haberlo encontrado subtitulado al español…), pero creo que se puede entender y seguir bien. Por cierto, me encanta Dorothy Lamour.

Otro día ya me extenderé más en otras pelis geniales de Jean Rouch que también tienen que estar por aquí. Les maîtres fous, Petit à petit, La pyramide humaine, La chasse au lion à l’arc… A ver qué día aprendo a colgarlas en un dropbox o un photobucket de estos o algo así y no tener que tirar de youtubes, porque el día menos pensado quitan el video y se queda el post tirado. Paciencia, todo se andará.

Enjoy!


[P.D.: mensaje a los lectores de la primera versión nocturna (o vía mail) de este post: ciertamente, la noche a veces me confunde… fe de erratas… no es escuela de Chicago. La escuela a la que estaba directamente vinculado el Rhodes-Livingstone era obviamente la escuela de Manchester. Ya sé que Manchester y Chicago como que no están muy cerca. Pero a decir verdad, en realidad sí que lo están… Las tres escuelas (Chicago, Manchester y RLI) tenían plantemientos muy afines. Incluso algunos de los investigadores del Rhodes-Livingstone en particular recogieron directamente ideas de la ciudad y de lo urbano de Wirth, Blumer and company (los de Chicago)… Ahora que pienso, tampoco era un gran disparate esta confusión de ciudades (pero ha sido la costumbre…). En fin, que si no lo puntualizaba, no me quedaba tranquila.]

Y sí, al final siempre amanece (que no es poco)

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En este blog no podía faltar una humilde referencia (a la vez que reverencia) a Amanece que no es poco (1988), una comedia española de humor absurdo y surrealista, dirigida por José Luis Cuerda y filmada en la Sierra de Albacete, en los pueblos de Molinicos, Ayna y Liétor. Ya no se hacen películas de estas. Es una lástima.

No me enrollo con mucho comentario más, porque la peli es archiconocida. Eso sí, pongo a continuación el reparto con los actores principales, todos ellos míticos cómicos del cine español. Quería poner la peli completa, pero no hay manera de encontrarla, por lo que he pensado en colgar una breve selección de mis secuencias y diálogos favoritos. ¡Aunque pondría toda la película!

El mítico reparto de Amanece

Antonio Resines – Teodoro, el de Oklahoma
Luis Ciges – Jimmy, el que la mató porqué era muy mala
José Sazatornil – Cabo Gutiérrez
Ovidi Montllor – Pascual, el picoleto
Rafael Díaz – Fermín, el otro de la pareja de picoletos
Cassen – el cura párroco del libre albedrío
Manuel Alexandre – Paquito, el padre y “asistente” del párroco
María Ángeles Ariza -Merceditas, su sobrina
Rafael Alonso – el munícipe por antonomasia
Fedra Lorente – Susan, la novia comunal y turgente del alcalde
Chris Huertas – Tirso, el mesonero que habla “un pijo de bien
Elisa Belmonte – la soprano
Paco Hernández – don Roberto, el maestro de escuela cantor
Alberto Bové – Pedro, el labrador, el de la calabaza
Arturo Bonín – Bruno, el plagiador de Faulkner (¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?)
María Isbert – Adelaida, la solterona entradita en años
Queta Claver – Doña Remedios
Miguel Rellán – Carmelo, el borracho desdoblado
Tito Valverde – el labrador intelectual
Luis Pérez Agua – el aspirante a intelectual, pues no tiene nada que perder
Pastora Vega – la labradora a la que le brota un novio en los bancales
Ferran Rañé – Mariano, el novio cojo que brota en el bancal
Guillermo Montesinos – el suicida permanente
Enrique San Francisco – Cascales, el intercambiador de papeles
Gabino Diego – el portavoz de los estudiantes americanos, futuros líderes del poder omnímodo
Samuel Claxton – Ngué Ndomo, el pastor negro de estampas
Chus Lampreave – Álvarez, la madre del negro (o mejor dicho, de la minoría étnica)
Paco Cambres – don Alonso, el médico que se caga en todos sus muertos uno a uno
***

Y bien, si me tuviera que quedar con siete momentos estelares del filme, serían los siguientes (y me lo autolimito a siete porque sino no acabo…):

  • El maestro (el gran Paco Hernández) y su examen sobre las ingles motivado por la evaluación de conocimientos que le exigían los invasores pacíficos del pueblo. De surrealista, en realidad, no tiene nada. Es real como la vida misma…

  • ¡Qué complicación si se te para el corazón!

 

  • El libre albedrío… 
  • Las elecciones (apoteósicas): 
  • La guardia civil y el cabo santo. La guardia civil ha perdido las elecciones, las ha ganado la secreta… 
  • y dar guantazos, hay que usarlo en plan poético como algo prodigioso… 

  • Y para acabar, la secuencia final del portavoz americano (Gabino Diego) amenazando al alcalde con el poder omnímodo: 

Ha sido difícil hacer esta selección y además creo que el post queda un poco feo así con los links del youtube, pero en fin, que tenía ganas de postear algo de esta peli y como todo el mundo la conoce de sobra (y si no la conoce, ya está tardando!), pues no era más que para hacer un “remember” de esta joya del cine español. De todos modos, guste o no mi selección personal, que nadie se olvide de que ¡dios es uno y trinooo!

Django o la fuerza de la justicia

Django Unchained

Fui a ver Django Desencadenado, el último filme de Tarantino. No me defraudó. Al contrario. Y a pesar de que no he visto aún Lincoln, la otra película en cartel que presenta un tema parecido o cuando menos ambientado en una misma época histórica, no sé por qué, pero creo que me voy a quedar con Django. Y me da lo mismo lo que diga Spike Lee. Siempre he pensado que Quentin Tarantino es uno de los pocos directores americanos que trata a los negros (o afroamericanos) de tú a tú, desde un plano de igualdad real. Lo que me imagino que le incomoda a Spike Lee es que Tarantino haga pelis sin ceñirse a este trato artificial paranoide de lo políticamente correcto que impone la administración americana (que a nivel administrativo me parece muy bien, pero que ha calado en las relaciones sociales creando situaciones relacionales bastante extrañas). Tampoco le debe gustar que las pelis de Tarantino no tengan esa rebaba de lastimilla-compasión, que es la otra opción aceptada y políticamente correcta, pero que también en mi opinión es absolutamente inferiorizadora. No sé qué tal será Lincoln, pero sabiendo el tipo de película que es, me temo que en este sentido será más bien de alguno de estos dos tipos (o un poco de los dos). Temas administrativos o políticos al margen, yo prefiero un trato o unas relaciones sociales de igual a igual, siempre, que es como tienen que ser entre personas iguales, no? Y todo lo que no sea tratar al otro como un igual, me parece gravemente deleznable y que atenta a su dignidad como persona. Y suelo encontrar algo de esta dignidad franca en las películas de Tarantino.

Pero bueno, no vayamos a sacar las cosas de “pollaguera”. Además, que aún no he visto Lincoln y ya la estoy criticando… Aunque no sé si voy a ir a verla, porque estas superproducciones patrioteras yanquis siempre me dan muuuuucha pereza y aún más si son de Spielberg, el director “oficial” del Imperio. Y por no hablar de lo poco que me gustará comprobar las pequeñas “omisiones” en relación a la figura histórica de Lincoln y a su afinidad con ciertas corrientes comunistas de la época. Dejo aquí el link del interesante artículo que escribió Vicenç Navarro a propósito de esta especie de censura neoliberal (no solo en la película, sino en la historia oficial de EEUU): “Lo que la película ‘Lincoln’ no dice sobre Lincoln”

Pero vuelvo a Django. De la peli, hay muchas cosas que decir, pero hoy no quiero hacer una crítica. Solo quiero hacer una pequeña referencia al nombre de la película, que es a su vez el nombre del protagonista: Django (Jamie Foxx).

“Django” es un nombre mítico del spaghetti western, género que evoca Tarantino en esta película. Creo haber leído que lo eligió ex professo en homenaje a la película de Sergio Corbucci y cuyo protagonista se llamaba igual. La cosa es que, no sé si casualidad o no, el nombre de Django no solo tiene resonancias a spaghetti western, sino que también tiene resonancias africanas y al universo cultural de la esclavitud africana en América. Bueno, la verdad es que me inclino a pensar que más bien es pura casualidad y que tal vez ni Tarantino lo supiera y/o ni tuviera ninguna intención de que así fuera. O tal vez, sí. Pero no he leído ni oído en ninguna parte que él haga referencia directa a ello. Igual se me ha escapado (tampoco lo puedo leer todo!). En cambio, sí que he leído criticas y comentarios de gente afroamericana que fue a ver la película y que se ha percatado de esta “coincidencia”. Menos mal que hay más gente que lo diga… La verdad es que es una casualidad muy curiosa!

Sango o la fuerza de la justicia

Sangô, Xango, Shango, Changó, dependiendo de la zona geográfica y lingüística en la que nos hallemos, es el nombre de una popular divinidad de la religión yoruba.

Originariamente, desde el siglo XIV, el pueblo yoruba estaba agrupado política y militarmente bajo el Imperio Oyo, que se encontraba en África Occidental, en lo que hoy es Nigeria, así como en parte de los actuales Benín y Togo. El pueblo yoruba todavía hoy, ya sin imperio, claro está, sigue estando más o menos culturalmente ubicado en esa zona geográfica. Durante los siglos que duró el comercio de esclavos, el Imperio Oyo, con capital en la ciudad de Ifé, fue uno de los más activos en la captura y venta de esclavos africanos a los europeos, además de ejercer una influencia cultural importante en la zona que abarcaba su imperio e imperios vecinos (Fon o Dahomey).

Imperio Oyo (yoruba)

Antiguo Imperio Oyo (s. XIV-XVIII)

Eso significa que muchos de los esclavos africanos que fueron trasladados al continente americano o bien eran de etnia yoruba o bien conocían muy bien la cultura, la lengua y la religión de los yoruba, pues eran las marcas culturales hegemónicas de la zona. Por ese motivo, los esclavos africanos se llevaron a America, entre otras cosas, muchas de las divinidades del panteón religioso yoruba. Luego, los europeos que explotaban a los esclavos en las plantaciones les imponían por la fuerza la religión cristiana o católica, de ahí que surgieran toda una serie de ritos, creencias y prácticas llamadas “sincréticas” (vaya palabra, no me gusta nada, pero bueno…) como la Santería, el Lucumí en Cuba y Caribe, el Candomblé, la Umbanda en Brasil o lo que se montó en Oyotunji en Estados Unidos, entre otras muchas otras.

Pues bien, Sango es uno de los orisás (u orisha u orixá, según la zona) más conocidos del panteón yoruba. La mitología yoruba cuenta que fue el tercer rey del Imperio Oyo (algunos dicen que fue el cuarto) y que, a pesar de que era un gobernante muy duro, incluso se diría que un tirano, durante su reinado, el imperio se caracterizó por la prosperidad y la bonanza. También se cuenta que Sango era un rey guerrero y que con su fuerte carácter, su energía y su capacidad creativa, contribuyó de manera muy importante a la expansión y hegemonia del Imperio Oyo en la cuenca del río Níger. Sango muchas veces es representado montado a caballo, como un auténtico hombre de la guerra. Y representa cualidades como la fuerza viril, la belleza masculina, la pasión, la necesidad de vivir intensamente y la energía vital.

Sango es el dios de la tormenta, de los rayos y los truenos, del fuego, dando cuenta así de su energía, su poder y su fortaleza. Quien haya visto la película, creo que puede fácilmente identificar muchas de estas cualidades y atributos en Django, el personaje protagonista de la película de Tarantino.

Pero aún hay más. Otro aspecto que hace inevitable pensar en la vinculación Django-Sango es que si algo caracterizaba al orisá Sango, además de su inteligencia avispada, era su voluntad por encontrar la justicia y por ser justo. Por ese motivo, a menudo se le representa con un tocado por encima de la cabeza en forma de hacha de doble hoja, que simboliza la justicia y el equilibrio. Sango es pues también el orisá de la justicia, un aspecto que creo que es central en la película de Tarantino y que caracteriza de manera muy clara al personaje de Django.

Sango

Sango

Solo conociendo estos cuatro aspectos generales y así a lo bulto que he relatado en esta entrada sobre Sango, creo es más que inevitable reconocer en el personaje de Django algo más que una mera resonancia en el nombre y más teniendo en cuenta la temática de la película. Igual la asociación con Sango se la sacó Sergio Corbucci de la manga y Tarantino solo la ha hecho más explicita. No lo sé. Incluso algunos hasta se aventuran a identificar al personaje de Broomhilda (Kerry Washington), la mujer de Django, con Oshun, la segunda esposa de Sango, orisá de los manantiales y de las aguas dulces. Oshun es una divinidad femenina de peso dentro del panteón yoruba y representa el amor, la sensualidad, la delicadeza y la belleza femeninas. Hildi además de encajar con la mitología alemana, bien podría hacerlo también con la mitología yoruba.

No sé, tal vez es cierto que todo esto son castillos en el aire, especulación pura y dura, pero… chi lo sa?

Divagaciones en torno a “The Master” de Paul Thomas Anderson.

“El hombre no pertenece al reino animal”. Este es el mantra que hacen escuchar y escribir a Freddie Quell una y otra vez. Mientras Freddie oye (más que escucha) el mensaje que sale a través de sus auriculares, éste escribe en su libreta “Do you want to fuck?” (¿Quieres echar un polvo?), dibuja una cara sonriente y le enseña la nota a la chica que tiene sentada enfrente, también con los auriculares puestos, muy aplicada ella, al tiempo que él la mira fijamente con una pícara sonrisa buscando la aprobación a su propuesta.

Hace unos días se estrenó en España The Master de Paul Thomas Anderson, una película que algun@s veníamos esperando con ansia desde hacía ya unos cuantos meses desde que se estrenó en el festival de Venecia. Lo bueno se hace esperar, dicen. Y ciertamente, así es en este caso. The Master es un peliculón. Con todas las letras.

Pero como esto no es un blog de cine, sino que es otra cosa, mi intención no es hacer un análisis cinematográfico ni ponerla en relación con la historia del cine, más que nada porque no tengo ni idea de cine y no me quiero meter en camisas de once varas. Lo que quiero hacer aquí es grosso modo lo que en cualquier caso intenta hacer siempre un antropólogo y que bien se podría resumir con la mítica frase que Lisa (Grace Kelly) le espeta a Jeff (James Stewart) en The Rear Window: “Tell me exactly what you saw and what you think it means” (Cuéntame exactamente qué viste y qué crees que significa). Espero no convertir esto en un spoiler, sino en un post que anime a ver la peli y a reflexionar acerca de lo que se podría interpretar, pues una de las cosas que más me gustaron del planteamiento es que no es unívoco y juega con la insinuación, dejando muchos aspectos en el aire, sobre todo en cuanto a la relación entre los dos personajes principales, lo cual propicia la reflexión del espectador.

Pues bien, The Master narra la historia de un veterano de guerra que ha quedado tocado y hundido por la violencia vivida durante su periplo a bordo de un barco de combate de la US-Navy durante la II Guerra Mundial y que no ha encontrado otra vía más que el alcohol para apaciguar el dolor. Una vez finalizada la guerra, el protagonista, de alguna manera, ya no tiene ningún objetivo concreto por el que luchar en la vida, con lo cual, está condenado a vagar por el mundo, desorientado, sin norte, perdido.

Esta desorientación vital y esta frustración del protagonista es interpretada por Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), el Maestro, creador y líder de una nueva docrtrina llamada “la Causa”, como un obstáculo que impide a Freddie interiorizar las pautas y normas de conducta social y “elevar” su espíritu hasta convertirse en un ser humano, en un ser pretendidamente superior, dominado por la razón y cuya felicidad es directamente proporcional al grado de seguimiento de las convenciones y constricciones propias de la ceremonia constante que conlleva la vida en sociedad.

Freddie es presentado como un animal y con los rasgos de interacción social que, en general, identificamos con el comportamiento animal: es un ser eminentemente físico, corpóreo, dominado por el instinto, regido por las pulsaciones sexuales y de autoconservación, por la defensa y protección de su corporalidad más inmediata y de su territorio vital, dominado por las emociones y los sentimientos más básicos y elementales de la existencia. Cuando siente que invaden su espacio vital y no tiene espacio para recular y restablecerlo, ataca violentamente. Freddie se nos muestra como un ser dominado, en definitiva, por todo aquello que desde la “racionalidad” humana occidental se ha tachado peyorativamente de comportamiento animal e inhumano, por supuesto, siempre partiendo de esta dualidad conceptual (y moral) de hombre versus animal, como si en efecto, fueran dos naturalezas distintas, separadas y, sobre todo, opuestas.

El personaje de Freddie pone en tensión y, sobre todo, en tela de juicio, el eterno debate entre naturaleza y cultura (o instinto y razón, o cuerpo y mente, etc.). Un debate que prácticamente solo se podría entender desde un punto de vista occidental, pues es en esta civilización donde se ha insistido, ya desde la Grecia clásica (si no antes!) en convertirlas en dos esferas conceptuales separadas, como si lo que hace el ser humano (o sea, la cultura) no formara parte del resto de cosas (la naturaleza). Por no entrar en el concepto de naturaleza, término totalmente etnocéntrico y antropocéntrico, que resulta de considerar lo que nos rodea como algo separado de lo propiamente humano.

Según este paradigma explicativo y que en el filme vine representado por la doctrina del Maestro Lancaster Dodd, la razón o la racionalidad es lo que nos hace humanos y nos separa de las “bestias”. La vida del individuo es una lucha por vencer y anular al animal que lleva dentro. En este caso concreto, se podría resumir la racionalidad como la capacidad humana para ceñirse y someterse a las reglas sociales y al orden público establecido. Así, el hombre dejaría su condición inicial de animal porque se ha dado cuenta de que, aceptando según qué constricciones, son más grandes los beneficios que los perjuicios. En otras palabras: en un momento de la historia, el hombre racional puso en un plato de la balanza su salvajismo o, mejor dicho, su individualidad y su deseo de libertad y, en el otro, puso su sumisión a las normas sociales. Se dio cuenta de que obtenía más beneficios poniéndose el “corsé” social, y renunció a su parte animal. Entonces fue cuando surgió el Homo sapiens.

Pues mira tú cómo son las cosas que casualmente, unos días antes de ver la película, leí una entrada de Manuel Delgado en su blog en el que hace algunas breves consideraciones históricas acerca del origen del amor, que creo que son pertinentes y bastante interesantes en relación a la peli. Delgado hace un repaso referenciado al origen de la idea de racionalidad en el siglo XVIII y cómo a partir de ahí, los instintos pasan a ser asociados no a la naturaleza, sino a una patología del alma, a una desviación. La razón humana se convierte en la vía para tranquilizar y dominar las apetencias carnales, pues es en ellas donde se entiende que está la causa de las conductas antisociales. A partir de aquí, surge el concepto de amor, vinculado a la idea de “utilidad” (siempre el maldito utilitarismo, que no hay manera de sacárselo de encima…) y a la idea de vida en familia. Por supuesto, en este contexto, el amor sería algo muy alejado del dejarse llevar por los instintos y las pulsiones carnales, sino el interés por el bienestar común (el de la pareja y por extensión, la familia, en este caso concreto). [El link al blog está a la derecha, en Omniverso particular, entrada del 01 enero de 2013]. Pues justo ahí es donde se podría situar la mentalidad de Lancaster Dodd y sobre todo la de su mujer, Peggy, la cual acaba siendo la más firme defensora de la doctrina de la Causa (poniendo a raya más de una vez a su marido, como en la secuencia de la masturbación después de la fiesta).

Por cierto, como se ve, el tema de la Cienciología, que tanto morbo causa a algunos periodistas y críticos de cine no es el tema de la película. En El País, por ejemplo, el otro día sacaban una entrevista a Paul Thomas Anderson en la que el periodista no hacía más que preguntarle por la Cienciología, no sé si es que el periodista no había visto la película o si simplemente es que era imbécil. En fin, dejo el link también por si pica la curiosidad: aquí. El surgimiento de la cienciología, no es más que un contexto histórico y social que PTA toma para hacérselo venir bien y abordar el tema que le interesa tratar. Pero nada más.

A lo que iba: para el Maestro Dodd, firme defensor de estos principios (por lo menos teóricamente o, cuando menos, de puertas hacia fuera), la domesticación o el adiestramiento mediante repetición se presentan como la solución que debe refrenar la naturaleza animal de Freddie, sacarlo de su desviación, enterrar al animal y elevarlo a la condición de humano. Freddie, un animal salvaje (o un animal, a secas), se convierte entonces en un animal de laboratorio con el que experimentar. Y hay que decir que la forma de Joaquin Phoenix de poner en escena el personaje te hace pensar claramente en un animal de laboratorio o en un animal salvaje en cautividad. De hecho, en diversas entrevistas, el actor explica que para preparar el personaje visionó grabaciones de animales en cautividad, en zoos, en perreras y en laboratorios de experimentación para replicar los movimientos corporales y los comportamientos de estos. Aprovecho para dejar el link de un par de estas entrevistas que me parecen muy interesantes, porque el actor además de esto, explica cómo interpretó la personalidad del personaje para darle cuerpo y forma en la pantalla:

Entrevista en Time

Entrevista en Interview Magazine (esta es especialmente interesante)

Pero claro, una vez el director nos presenta estos dos polos opuestos (Freddie y Dodd), ¿qué sucede? Pues sucede que las cosas no son tan claras, ni tan unidireccionales como las quiere pintar el Maestro Dodd (o como las pintan muchos, no hace falta irse a la Dianética, ni a la película). Y además es justamente esa defensa radical de la racionalidad que hace Dodd, la que hace nacer la sospecha más que fundada de que la doctrina de la Causa se la inventa sobre la marcha y la que le deja al descubierto, dejándonos entrever su faceta de líder manipulador, que solo ansía el poder y el reconocimiento personal.

Por otra parte, lo que le demuestra constantemente Freddie es que, ante todo y por mucho que los humanos insistamos en ponernos el “corsé social”, el animal que somos sigue estando ahí. Podemos debatir sobre si la razón (y la racionalidad) es una construcción social o es la esencia que hace del hombre un ser superior, pero no podemos dudar en ningún caso sobre si nuestro cuerpo está ahí o no. Y si está el cuerpo y lo físico (y lo fisiológico si se quiere), está el lazo con el reino animal. Sin el cuerpo y todo lo asociado a él, no hay razón ni mente que valgan. Y eso Dodd lo sabe perfectamente, pues lo primero que le dice a Freddie cuando se conocen, es que le es familiar. Dodd se reconoce y se encuentra reflejado en él. Para Dodd, Freddie es la conexión con su instinto, con sus pulsiones sexuales, con sus emociones, con su corporalidad. Pero eso no quita, que al mismo tiempo, Freddie le sea útil para desarrollar su ciencia y venderla a gente ansiosa por encontrar un sentido a su vida y que les haga pensar en la valía de su miserable existencia.

Y ¿qué pasa con Freddie? Personalmente, creo que Freddie al principio está aterrado, tiene miedo, porque no sabe cómo desenvolverse en el mundo, pero al final pienso que se da cuenta de que Dodd no le va a “curar” y en realidad no sé si él busca que le curen. Freddie conecta con Dodd justamente en ese punto de “animalidad”, de hecho, a él, Dodd también le es familiar. La relación que establece con éste no es de hijo-padre, sino que Freddie actúa con instinto animal: aunque Freddie sospecha de que buena parte de lo que predica Dodd es mentira, le defiende con saña, pero no porque se sienta deudor de la ayuda que le está brindando, sino por lealtad hacia Dodd, porque le reconoce como igual. Obviamente todo esto que estoy soltando aquí es interpretación mía, quede claro. Repito que la gracia de la peli es esta.

Pienso que Freddie, tal vez sospecha que no le tienen que curar de nada, que a él no le compensa la renuncia a la individualidad, a la libertad. El final de la peli, cuando se reencuentra en Inglaterra con Dodd, creo que es bastante revelador en ese sentido: en realidad, ¿de qué le deberían curar? Ya sé que no viene al caso, pero viendo la película me acordé de Adela, la yonqui (dicho con cariño) que habitualmente está en la esquina de mi casa, que siempre le dice a la gente: “Yo puedo estar muy loca, ya lo sé, pero no tengo un pelo de tonta”. Pues Freddie Quell igual. Puede que esté loco, que su conducta tienda a ser antisocial, pero no tiene un pelo de tonto. ¿Está dispuesto a pagar el precio de “curarse”? ¿Hasta qué punto tiene sentido despreciar la condición de animal para ganarse la inclusión social? ¿Libertad o barbarie? (desde el punto de vista de la siempre hipotética concepción de la vida de Freddie, barbarie equivaldría a reprimir su condición de animal y someter su cuerpo a la norma social y a la lógica racional).

En cualquier caso, ¿hasta qué punto tiene sentido preguntarse todas estas cosas, puesto que no podemos elegirlas ni descartar ninguna de ellas? Yo creo que esto es lo que quiere reflejar Paul Thomas Anderson. Aunque desde mi punto de vista, se decanta levemente en pos de la parte animal o instintiva o corporal del ser humano, la reivindica. El filme le recuerda al hombre cuál es su naturaleza y deja en entredicho las imposiciones rituales de la vida social (controlar el cuerpo, controlar la emoción, controlar el instinto, etc.) que de alguna manera, acaban alienando a las personas convirtiendo la vida social humana en una barrera, en algo contranatura, cuando, por definición, no debería serlo.

La verdad es que la compleja relación entre estos dos personajes tan opuestos y al mismo tiempo tan parecidos es fascinante y, a mi modo de entender, temas técnicos y estéticos al margen, es lo que hace que la historia sea tan apasionante. Uno es lo que anhela el otro, pero en realidad uno es el espejo del otro. Y ambos devienen conscientes de ello en el decurso de la película. El propio Joaquin Phoenix ha definido la película como una bonita historia de amor. Y estoy totalmente de acuerdo, a mí también me lo pareció.

[Para los que quieran una crítica seria y profesional de la película, dejo el link de la de Javier Ocaña en El País]

«Le sang des bêtes»

Estos días se estrenó en Barcelona y Madrid el documental “La Barbacoa”. Habituada a ver los documentales ñoños y/o gore que corren por el gremio, justamente lo que me sorprendió de este filme fue el interés del director, Enric Urrutia, en mostrar la cotidianidad de la explotación animal en granjas y mataderos, y con ello, mostrar el proceso de  “desanimalización” de los animales para poderlos convertir en mercancía y en comida, haciéndolos así encajar en un determinado orden moral.

Lo que vemos plasmado en la pantalla es aquello que habitualmente se conoce como “especismo” y que vendría a reflejar algo así como el papel y el lugar que nuestra sociedad otorga a los animales no-humanos dentro de nuestra cosmovisión.

Dos bonitos palabros: cosmovisión y especismo.

Así rápido y para situar al personal, una cosmovisión o visión del mundo sería una especie de mapa mental del mundo que tenemos en la cabeza gracias al cual podemos movernos y relacionarnos con nuestro entorno. Este mapa estaría compuesto por percepciones, conceptualizaciones y valoraciones de todo lo que nos rodea. No quiero entrar mucho en paranoias filosóficas, pero diríamos que el mundo (o todo lo que hay) no está ordenado en sí mismo, sino que somos nosotros los que lo ordenamos dentro de nuestra cabecita. Entonces, este mapa, por tanto, nos sirve para ordenar y para interpretar nuestra existencia o naturaleza, así como la de todo lo que nos rodea (el mundo). Este mapa no es innato, sino que desde que nacemos se nos va “insertando” en la cabeza durante lo que se conviene en llamar proceso de socialización o de aprendizaje.

Especismo es el término que se usa para describir la existencia de una discriminación moral basada en la diferencia de especie animal. La discriminación especista presupone que los intereses de un individuo sintiente son de menor importancia por el hecho de pertenecer a una especie animal determinada. Entre los humanos, la representación más común del especismo es el antropocentrismo, es decir, la infravaloración de los intereses de quienes no pertenecen a la especie animal Homo sapiens.

En primer lugar, se podría decir que el especismo adopta como válida e indiscutible la distinción y clasificación en especies que el paradigma científico establece. Parte de una fe ciega en la ciencia. Y digo “fe” con toda la idea: toma la ciencia, no como un paradigma explicativo de la realidad, sino que lo toma en términos absolutos, es decir, como el método verdadero de conocimiento y de explicación de la realidad y del entorno. En nuestra sociedad, la ciencia es algo así una suerte de método creador de verdades, como antaño lo fue la religión. Así, la ciencia sería el mapa de base del especismo. El especismo cogería la clasificación en especies que le brinda la ciencia y las jerarquiza moralmente. Dentro de las especies animales o de animales sintientes, les da más valor moral a unas que a otras, aplicando una escala de valores y poniendo siempre al por burro delante, es decir, al homo sapiens, que sería el sumum de la evolución o rey del mambo.

Todo este rollo viene porque a raíz de ver “La Barbacoa”, me acordé de “Le sang des bêtes” (La sangre de las bestias), un magnífico documental de 1949, dirigido por Georges Franju y que muestra el trabajo en un matadero de los suburbios de París. Se pueden comentar infinidad de cosas a propósito de este documental, porque ciertamente es magistral. Pero lo que me hizo pensar en él el otro día fue justamente que revela la normalidad cotidiana (y siempre ocultada) del trabajo en un matadero y cómo este factor de normalidad o de costumbre es lo que le confiere bestialidad a estas acciones. De ahí el doble sentido que se puede encontrar ya en el título: ¿a quién debemos atribuirle la condición de “bête”?

Bueno, de hecho, son muy interesantes los contrastes que aparecen a lo largo de toda la cinta (tanto de los explícitos como de los implícitos), pero, en fin, no comento más para no chafar el visionado:

[Aviso: hay imágenes heavies]