Manifiesto de profesores universitarios contra el Toro de la Vega

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Vulcano

Ya que hoy estamos de manifiestos, comunicados y cosas, dejo también el link del manifiesto en contra del Toro de la Vega que publicaron este lunes 16 de septiembre más de cien profesores universitarios, entre los que se encuentran diversos Antropólogos Sociales, lo cual se agradece, y con más motivo, después de ver cómo los defensores de esta práctica ritual tiran impunemente de la antropología para justificar su mantenimiento. Entre el apabullante número de adhesiones, quiero destacar la de Verena Stolcke, Catedrática Emérita de Antropología Social y Cultural de la Universidad Autónoma de Barcelona.

UNIVERSITARIOS CONTRA EL TORO DE LA VEGA

http://www.dilemata.net/index.php/secciones/etica-mas-alla-de-la-especie/667-universitarios-contra-la-tortura-del-toro-de-la-vega

Espero de verdad que Vulcano haya sido el último y que su muerte no haya sido en vano, sino que haya servido para que la comunidad universitaria, las instituciones y la sociedad hayan tomado conciencia de una vez por todas de la urgente necesidad de decir basta y de que entre todos pongamos fin a esta barbarie y con ella, a otras parecidas. Y tengo la esperanza también de que este sea un paso en firme más en el camino hacia el fin de otras tantas barbaries silenciosas y cotidianamente silenciadas que se suelen esconden detrás de las paredes de una granja industrial o de un matadero.

Perpet(r/u)adores de la barbarie y el dolor agónico

Este miércoles y jueves pasados (10 y 11 de julio) se ha estado debatiendo en el Congreso de los Diputados la ILP protaurina que pretende declarar la tauromaquia Bien de Interés Cultural (BIC). Esta Iniciativa Legislativa Popular ha sido promovida por la Federación de Entidades Taurinas de Catalunya, que siguen rabiando ansiosos de contemplar sangre y tortura taurinas en estas tierras. Recordemos que en Catalunya, el 28 de julio de 2010, tras una dura ILP, se aprobó la abolición de las corridas de toros y la ley entró en vigor en enero de 2012.

Todos sabemos que van a aprobar la ILP sin problemas y con honores y laureles. Con el gobierno casposo que tenemos (y otros que no están en el gobierno pero que también están en el Congreso), ni siquiera hacía falta promoverla, como seguramente tampoco hará falta promover que vuelvan a poner la hurraca en la bandera oficial del estado, ni que vuelvan a hacer cantar el cara al sol a los escolares, todo llegará “solo”. En cualquier caso, me parece curioso que esta ILP, que quiere que la tauromaquia siga siendo subvencionada y protegida con dinero público al serle otorgado el reconocimiento este que llaman “BIC”, esté pasando bastante desapercibida entre la gente, incluso en los grandes medios del Régimen. No sé si es bueno o es malo, pero por lo menos, es curioso porque yo entendía que las ILP eran cuestiones que preocupaban al pueblo (y que por lo tanto estaban en la calle, se hablaba de ello, etc.) y no tengo esta sensación de que se hable de ello salvo en círculos animalistas o antianimalistas. No sé si esa indiferencia de la gente de la calle es porque los que callan otorgan y están de acuerdo (aunque hubieran ido raudos y veloces a firmar la ILP, no?) o más bien es porque a nadie le parece vital que la tauromaquia sea BIC. También hacer notar que estos de la ILP protaurina han conseguido poco más de 500.000 firmas en todo el Estado (las mínimas requeridas) en casi 12 meses (la ILP antitaurina de Catalunya recogió 105.000 firmas solo en Catalunya, más del doble de las mínimas requeridas, y en solo 4 meses, que era el plazo marcado por ley aquí) y va a conseguir la aprobación en el Congreso. La ILP de la PAH, que pedía una solución económica y social para los afectados por la estafa de las hipotecas, llegó al congreso con más de 1.400.000 firmas y la tumbaron. En fin. Será un tema de prioridades.

José Enrique Zaldívar es veterinario de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT). En su comparecencia (muy parecida a la que en su día dió en el Parlament) explica de manera muy clara y creo que muy bien argumentada con datos objetivos, las consecuencias de la lidia en el toro, el daño que se le inflige a este durante la lidia desde un punto de vista físico y las lesiones físicas y anatómicas que se le producen al toro y el dolor que como consecuencia de ello, sufre en lenta agonía hasta su muerte. Por eso he puesto el link, no es muy largo y creo que vale la pena escucharlo.

Como veréis que dice Zaldívar, incluso en los propios reglamentos de la lidia, se usan términos como “castigo” y “agonía”. ¿Pero esto no habíamos quedado que solo era propio de humanos? Aaa…migos… Es lo de siempre: lo que se niega del animal (capacidad de sentir emociones-miedo, dolor, ira, etc., capacidad de sufrir, de sentir dolor físico) es justamente lo que se usa para estructurar una práctica y provocar los resultados que se buscan en el animal: que el toro reaccione de una manera determinada para que desempeñe el papel que le han asignado dentro del show, que no es otro que el rol de toro “bravo” y que “pelea” (lucha por su vida ante un ataque salvaje para el que nadie le ha entrenado ni le ha avisado previamente). De esta manera, el macabro espectáculo parece una coreografía artística. Sí, y es macabro, sí, y eso no se puede negar, porque aún en el caso de que no supiéramos ni viéramos el sufrimiento del toro, lo que sí se ve es cómo se burla al toro, cómo se le humilla, cómo se le hiere, cómo sangra, cómo se le da muerte. Y eso no me puede negar nadie que es lo que se ve si se mira una corrida. El espectáculo es macabro si uno observa desde fuera a aquellos que, no solo les importa una mierda el sufrimiento de un animal, sino que además les hace gracia y es lo que pagan por ver.

No me quiero enrollar mucho más, pero evidentemente la clave está en la consideración del toro y el lugar que ocupan los animales dentro de la “cosmovisión” de nuestra sociedad. En nuestra sociedad los animales no-humanos son no-personas (no solo que no son considerados personas, sino que son individuos que son definidos justamente por negación y contraposición: no-persona/no-humano), por tanto, el sufrimiento de un animal no-humano no es relevante. Estoy cansada de ver estudios panegíricos y etnografías pretendidamente “objetivas” sobre la “fiesta” y en ninguna se dedica siquiera un capítulo a hablar del toro (pero no en términos simbólicos, metafísicos, estéticos, no: hablar del toro y de lo que le pasa a este). El toro simplemente no es un “otro”, no es ni social, ni individual, ni etnográficamente relevante y por tanto se omite, no está. No importa. En cuanto al espectáculo en sí, nadie considera importante que un animal sufra, da lo mismo. La empatía se frena cuando el “otro” es un animal no-humano. La empatía no ha lugar cuando consideramos que el “otro” no solo no tiene nada en común con “nosotros”, sino que además consideramos que posee atributos antitéticos a nosotros y que consideramos moralmente inferiores a los nuestros.

En fin. Barbarie, en la segunda acepción de la RAE, significa “fiereza, crueldad”. Y no nos referimos a la bestias, no. A pesar de que para griegos y romanos el bárbaro siempre era el (y lo) que venía de fuera, paradójicamente en este caso, el bárbaro, es el que pretende institucionalizar y perpetuar por ley la barbarie desde dentro, es justamente el que está aquí y es el que se considera el más legitimado para representar y hablar en nombre de la cultura y de la identidad autóctonas.

Que no me cuenten milongas tradicionalistas, ni artísticas, ni literarias, ni estéticas: infligir un castigo a un animal para provocarle agonía y muerte sabiendo perfectamente y reconociendo que se le provoca dolor, es simplemente inaceptable. Por ahí no paso, no. Solo espero que algún día los animales humanos dejen a los toros y al resto de animales vivir y morir en paz.

Segunda dosis de Ethical Magazine!

Ya está disponible en la red el número de Junio de la revista Ethical Magazine. Después de la primera, el listón estaba muy alto. Pero no nos han defraudado. ¡Al contrario! Este número 2 viene cargadito de nuevas entrevistas e interesantes artículos sobre música, documentales, animales, deporte, nutrición, moda, recetas… de todo para pasar un buen rato de lectura y enterarnos de cosas importantes e interesantes.

En este número también suministro una nueva píldora antropológica a los pacientes lectores. En esta nueva ración de antropología para todos los públicos, he querido escribir algo (ni que sea un poquitín-tín-tín) en defensa de “los salvajes”, esos otros que desde fuera de la antropología son vistos como sociedades atrasadas, rudiementarias y a los que, sin que seamos del todo conscientes, estamos categorizando moralmente, pues muchas veces, detrás de esas consideraciones subyace la idea de que los primitivos (como su nombre ya indica…) no son desarrollados y que por tanto, son “peores”. Espero que a la gente que no está muy familiarizada con la antropología, le guste, o que por lo menos, le haga reflexionar un poquito sobre cosas que normalmente damos por hechas o por sabidas y que no somos conscientes de hasta qué punto van cargadas de una mochila moral etnocéntrica.

Por cierto, me ha gustado mucho el artículo “Al servicio de su amo” sobre los perros lazarillo y sobre los animales que en general son usados como meras herramientas de trabajo (perros rastreadores, de seguridad, etc.). Siempre que me cruzo con alguno de ellos por la calle, en el metro, o donde sea, se me retuercen el estómago y el alma. Creo que para los que no estén muy metidos en el tema de los derechos de los animales, tal vez les pueda chocar un poco lo que dice Cristina Izquierdo, pues la imagen y la consideración positivas del uso de perros lazarillo están muy extendidas socialmente. A quien le sorprenda que pueda ponerse en tela de juicio esa consideración positiva y que se denuncie la existencia de perros-herramienta en nuestra sociedad, le recomiendo que se lea el artículo de Cristina. Por lo menos, le invitará a la reflexión. Y no comento más cosas que me sugiere el tema para crear “intringulis” y que os leáis el artículo. Luego, si alguien quiere comentar y debatir sobre él, pues ya sabe, aquí estamos!

No me enrollo más, que hay 158 páginas a todo color y con fotos super chulas para mirar y leer!! Enjoy!

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www.ethicalmagazine.org

Y el animal se hizo carne: ritos de paso en un matadero

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«Fuera de la ciudad, hay carnicerías donde se mata a los animales destinados al consumo humano; estas carnicerías se mantienen limpias por medio de las corrientes de agua que eliminan la sangre y la basura. Es de aquí de donde se aporta al mercado la carne limpia y descuartizada por las manos de los esclavos*; porque la ley prohíbe a los ciudadanos ejercer el oficio de carnicero, por temor a que el hábito de masacrar poco a poco vaya destruyéndoles el sentimiento de humanidad, el más noble de los afectos del corazón de un hombre. Estas carnicerías exteriores también tienen el objetivo de evitar a los ciudadanos un espectáculo repugnante, y de librar a la ciudad de suciedades, inmundicias, y materias animales cuya putrefacción pudiera engendrar enfermedades.

 * Los esclavos son aquellos criminales condenados a trabajos forzados por los Utopistas como por los Polileritas».

Tomás Moro, La utopia (1516), II, 2.

Esta es la cita con la que Noélie Vialles encabeza su libro Le sang et le chair. Les abattoirs des pays de l’Adour (Maison des Sciences de l’Homme, 1987, Paris). A lo largo de esta etnografía, publicada en 1987 y prologada por Françoise Héritier, fruto de un trabajo de campo en mataderos del sureste de Francia, la antropóloga francesa pone de manifiesto el complejo sistema de evitación del “gesto fatal”; y más allá de la matanza en sí, a lo largo de estas 142 páginas, Vialles reflexiona acerca de las representaciones simbólicas de la sangre, los hombres y las bestias.

Noélie Vialles está vinculada al Collège de France como maître de conférences bajo la cátedra de Philippe Descola (Antropología de la nautraleza) y sus investigaciones giran en torno a la alimentación cárnica y a las prácticas observables de su producción y consumo. Este tema la vincula directamente al dominio de la corporalidad y a las relaciones que los humanos establecen con su propio cuerpo, con sus semejantes y con otros seres vivos. Dejo un par de artículos interesantes que se pueden encontrar en la revista Terrain (ambos están en francés) y que pueden poner en situación sobre el tema a quien no esté muy familiarizado con él:

Noélie Vialles, « La viande ou la bête », Terrain, numero-10 – Des hommes et des bêtes (avril 1988), [En ligne], mis en ligne le 18 juillet 2007.

Noélie Vialles, « La mort invisible », Terrain, numero-20 – La mort (mars 1993), [En ligne], mis en ligne le 18 juin 2007.

En ambos artículos, Noélie Vialles explica las diferentes representaciones simbólicas sobre la carne en la civilización occidental y cómo estas permiten que se pase de un animal a un trozo de carne, sin que esto suponga ningún tipo de contradicción moral para la mayoría de personas. Explica por qué en el siglo XIX en Francia, al mismo tiempo que se estableció por ley la obligación de dar muerte a los animales para consumo en mataderos públicos, paradójicamente fue en ese momento en que la muerte de los animales se ocultó deliberadamente al público. Los mataderos públicos tenían carteles de prohibido la entrada al público.  La a-tanasia u ocultación simbólica (además de física) de la muerte facilita, entre otras cosas, que podamos pensar en un trozo de carne sin pensar en el animal al que perteneció y convertirlo en alimento sin problema.

Vialles no lo dice directamente en estos textos, pero creo que se puede intuir que, dentro de este sistema simbólico, el animal es en realidad un ser liminal: primero, porque solo son susceptibles de ser comidos aquellos animales que han comido vegetales (los animales carnívoros no son susceptibles de ser carne), puesto que se parte del principio que los humanos nos alimentamos de vegetales, la carne concentraría y amplificaría todas las propiedades que se encuentras dispersas en el mundo vegetal.  Y segundo, es un ser liminal desde un segundo punto de vista: a pesar de la ocultación, en el matadero tiene lugar un rito de paso que le convierte de animal a carne en un espacio perfectamente delimitado (el matadero) y es operado por un especialista (el matarife), cuya consideración social es especial de cara al resto del grupo (comúnmente se considera que la gente que trabaja en los mataderos debe ser de una “pasta” especial, parecida a la de la gente que trabaja en pompas fúnebres). Ni qué decir tiene que en todo este tinglado, el animal juega un papel de mediador simbólico porque se le está escamoteando su condición de ser vivo, su condición objetiva y biológica de poseer una vida.

En el primer texto, la autora se acerca al tema a través del análisis de la consideración social y simbólica de la casquería (o despojos) y vincula la consideración de la casquería como comida “de segunda” o que genera rechazo porque evoca directamente a los órganos vitales del animal, no a la “carcasa” que contiene esa vida (carne y hueso). Comerse el hígado, el corazón, las tripas, los ojos, los testículos de un animal, remiten a su biología, no se puede escapar de ella.

En el segundo texto, lo hace a partir de la descripción etnográfica de la matanza de atunes (tonnara) en la isla de Favignana (Sicilia), la cual deviene un espectáculo turístico que incluso llegó a ser televisado en Francia. Vialles parte de la tonnara para hacer un análisis de la consideración simbólica de los peces (que es un caso parecido al de las aves) quienes no son considerados “verdaderos” animales. Vialles afirma que la construcción social de esta consideración es posible porque no son parecidos a nosotros, su vida se desarrolla en un medio (el acuático) que además de invisibilizarlos físicamente, es casi opuesto al nuestro. Diríamos que los peces encuentran vida donde nosotros encontraríamos muerte y viceversa. Pero, claro, para un pensamiento antropocéntrico como tiende a ser el nuestro, el viceversa cuesta de pensar. De ahí la visión de la pesca como una actividad inocente y en cuyo campo semántico no existe ninguna referencia a matar o a la muerte del pez.

Para ella, la clave para interpretar este tipo de prácticas hacia los animales no humanos está en la alelofagia, que vendría a significar que no nos comemos a los que son semejantes a nosotros. El tema está en qué y a quiénes consideramos semejantes y a quiénes diferentes…

No me quiero enrollar, para eso he puesto los links…

A lo que iba. En su libro Le sang et la chair [traducido al inglés como «Animal to Edible»], a Vialles no le tiembla el pulso (como sí les tiembla a otros) al hacer un paralelismo entre los mataderos y los campos de exterminio nazis. A quien esta comparación le parezca muy “agosarada” (he de reconocer que a mí, en su día y en un primer momento, me lo pareció), solo me gustaría remitirle, como bien nos recuerda J.M. Coetzee, a un pequeño pero significativo dato histórico: la visita que hicieron los nazis a los mataderos de Chicago, por aquel entonces, los más avanzados e innovadores del mundo. El objetivo de Himmler y compañía era tomar ejemplo de los métodos industriales más avanzados de producción ganadera y poder así aplicarlos a su matanza particular (también conocida como “solución final”) de seres humanos.

Por cierto, si se quiere conocer un poquito la visión del escritor sudafricano y premio nobel de literatura, J.M. Coetzee, sobre la aberración de la producción industrial de animales para el consumo de carne, dejo este link de un artículo muy breve (aunque en inglés): «Exposing the beast: factory farming must be called to the slaughterhouse». Como dice Coetzee, lo que nos tendría que horrorizar no es tanto que los judíos hubieran sido tratados como animales durante el holocausto, sino que lo que nos tendría que parecer un auténtico horror y un crimen contranatura es que cualquier ser viviente fuera considerado una unidad de un proceso industrial.

Sobre Coetzee y este tema, dejo un link de mi admiradísimo Rafael Narbona quien, en uno de sus magníficos posts, sintetiza esta visión de Coetzee y hace un repaso por algunos aspectos filosóficos clave acerca de los derechos de los animales y de la consideración moral de éstos. : «Los derechos de los animales (Coetzee y algo de filosofía)». [Por cierto, muy recomendable el post y el blog en general para quienes, como a mí, en el instituto les hicieran leer, por desgracia, Ética para Amador en esa clase de contenido algo difuso y claramente dudoso que llamaban “Ética”]

Ya que estoy con referencias, no es que me gusten mucho estas que voy a poner ahora, porque solo quería hablar de los textos de Vialles y dentro del ámbito de la antropología, pero bueno, ya que estoy, pues las pongo. Pues eso, el clásico dentro del gremio vegan, Charles Patterson, Eternal Treblinka: Our Treatment of Animals and the Holocaust (Lantern Books, 2002), en español traducido con el desafortunadísimo título de Por qué maltratamos tanto a los animales (el editor del libro no se enteró de nada. Y qué cruz con lo del maltrato!! El problema no está en si los tratamos mal o bien, sino en cómo los consideramos). Por cierto, el título de Patterson es un homenaje al escritor y premio Nobel, Isaac Bashevis Singer, quien dijo: «En lo que respecta a los animales, todos somos nazis. Para los animales es un eterno Treblinka».

En torno a este tema, suscribo la frase de Rafael Narbona de que sólo el que ha mirado a los ojos de un animal en el matadero y no ha descubierto su profundo desamparo, puede ignorar que Auschwitz y un matadero industrial nacen del mismo desprecio hacia la vida y el dolor ajenos. 

Y para los que crean que “esto de los animales” no merece su atención y que creen que me pongo muy pesada con este tema, decía Albert Camus en sus Reflexiones sobre la guillotina (1957):

Como escritor, siempre me han repugnado ciertas complacencias; como hombre, creo que los aspectos repelentes de nuestra condición, si bien son inevitables, deben ser afrontados en silencio. Pero cuando el silencio o las argucias del lenguaje contribuyen a mantener vivo un abuso que debe ser reformado o una desdicha que puede aliviarse, no hay otra solución que hablar claro y mostrar la obscenidad que se oculta bajo la capa de las palabras.

Hablar claro y mostrar la obscenidad del lenguaje y, añadiría yo (en un alarde de vanidad extrema imperdonable), la obscenidad de la cultura y de sus representaciones simbólico-cognitivas, que en definitiva lenguaje y cultura, tanto monta, monta tanto. Pues eso, que no me callo.


nina oveja

P.D.: Ahora que pienso, esta entrada de hoy pega bastante con las fechas en las que estamos…