Posicionamiento del Grup d’Antropologia de la Vida Animal (ICA) sobre el Toro de la Vega

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Cuelgo el comunicado que hemos emitido desde el Grup d’Antropologia de la Vida Animal al que estoy vinculada. En estos días hemos visto manifiestos universitarios apelando al valor etnográfico del torneo del Toro de la Vega y hemos visto cómo de manera recurrente se ha estado tomando la antropología como una herramienta para justificar el mantenimiento de una práctica ritual y de una tradición. Los académicos y catedráticos que han estado apelando a esta disciplina en la mayoría de los casos, ni siquiera son antropólogos.

Ante la defensa a ultranza de tradiciones que matan y que torturan por parte de profesores universitarios e intelectuales, mis compañeras y yo hemos decidido dejar de guardar la cómoda posición del silencio y publicar el siguiente comunicado en el que manifestamos nuestro posicionamiento respecto a lo que ha venido sucediendo estos días y respecto a un ritual cruel y violento como el Toro de la Vega.

Aquí dejo el comunicado que hemos publicado en algunos medios gracias a ATEA (Asociación para un Trato Ético con los Animales) y que esperamos que entre tod@s podamos darle la máxima difusión. Gracias.

COMUNICADO
Posicionamiento del Grup Antropologia de la Vida Animal, Grup d’Estudis d’Etnozoologia, vinculado a l’Institut Català d’Antropologia (ICA) ante el “Manifiesto Universitario Pro Toro de la Vega”

Como grupo que estudia temas relativos al trato hacia los animales, nos oponemos al ritual del torneo del Toro de la Vega, que se celebra en septiembre de cada año en Tordesillas (Valladolid). Resulta decepcionante que profesores de diferentes disciplinas académicas y desde la Universidad se erijan en defensores de una tradición basada en el maltrato, la crueldad y la violencia.

Queremos aclarar que la antropología no es una disciplina que defienda tradiciones, sino que en todo caso las estudia, y la defensa de tradiciones y rituales sangrientos que maltratan animales es una posición personal. Nuestro grupo no es relativista ante los rituales sangrientos y crueles y nos posicionamos a favor de erradicar el maltrato y la violencia.

Creemos que desde posiciones académicas no puede defenderse la violencia, el maltrato y la crueldad hacia los animales, ni siquiera bajo la forma de ritual y tradición. No debería justificarse “la nobleza de unos festejos” con el argumento del cumplimiento de un reglamento, cuyo único propósito es acorralar y dar muerte a un toro mediante lanzazos por un grupo de mozos.

Desde el punto de vista etnográfico y antropológico, el ritual del Toro de la Vega tiene interés para el estudio de la violencia, crueldad y dominación. No cuestionamos el valor etnográfico de un ritual, cuya puesta en escena tiene el objetivo colectivo de justificar y celebrar la supuesta superioridad y dominación humana (y masculina) sobre el entorno. Este ritual, como el resto de prácticas vinculadas a la tauromaquia, posee un fuerte carácter simbólico. Así, la culminación en abatimiento y muerte del toro, refuerza al colectivo su convicción de ser los legítimos dominadores del entorno, en un plano mítico y cosmológico de la lucha por la vida.

Hoy debemos sopesar que los valores sociales que se transmiten en ese tipo de rituales son la violencia, la crueldad y la falta de empatía por ese Otro, ese animal que mira, como dijo el filósofo Jacques Derrida, que no puede entender por qué una multitud se ensaña contra él hiriéndole brutalmente. Ese toro, que en esa mañana aciaga, solo quisiera volver a la dehesa y vivir en paz. Desde la crueldad y la violencia no hay valentía, solo hay cobardía. La crueldad no lleva al progreso moral de la humanidad, pues no está basada en el reconocimiento del sufrimiento del Otro ni en la capacidad de compasión y de ayuda ante el sufrimiento.

La preservación de una tradición o de una práctica simbólica simplemente por el hecho de que se practique desde tiempos inmemoriales o “porque se ha hecho así toda la vida” nunca puede ser motivo para justificar su mantenimiento. Y menos cuando se trata de una práctica cruel, de dominación y de carácter festivo cuya puesta en escena consiste en someter a dolor físico y psíquico, en torturar hasta la muerte a un ser vivo. Mientras reiteramos nuestra oposición a esas prácticas, entendemos que los rituales en los que se inflige un trato perverso a un animal deben ser motivo de profunda reflexión colectiva de cualquier sociedad que se oponga a la violencia.

Ante la impunidad de la que aún gozan prácticas como el Toro de la Vega, y ante el impacto devastador que algunos de nuestros actos tienen sobre nuestro entorno, creemos necesario, aunque pueda parecer obvio, recordar cuál es la posición del ser humano en la Tierra. Y esta es que, nos guste o no, aunque seamos racionales y humanos, pertenecemos al reino animal; somos animales y habitantes del Planeta junto con todos los seres vivos. Compartimos la vida y nuestra responsabilidad es proteger la vida.

Es nuestra responsabilidad, pues, reflexionar y decidir abandonar las prácticas que repercuten de manera depredadora, subyugadora, violenta, cruel e injusta hacia nuestros semejantes y hacia nuestro entorno. Compartimos con el antropólogo Claude Lévi-Strauss, en Raza y cultura, la idea de que: “el respeto que deseamos obtener del hombre hacia sus semejantes no es más que un caso particular del respeto que éste debiera sentir hacia todas las formas de la vida».

Bajo nuestro punto de vista, la vida de todos los seres es importante y merece consideración por sí misma, como expuso el filósofo Albert Schweitzer en su propuesta filosófica de reverencia por la vida (una actitud respetuosa con todas las formas de vida), que llevó a cabo como actitud y práctica personal. Ningún animal ha nacido para ser torturado, de acuerdo con la filosofía de los derechos de los animales, que enlaza con la propuesta ética universal de no hacerle al otro lo que no se quiere para sí mismo o sí misma. La revolución de los derechos de los animales ha hecho extensible esta actitud ética ampliando el círculo moral incluyendo a los Otros animales. Lo que enseña el movimiento animalista es la empatía hacia los seres vivos con capacidad de sufrimiento y el respeto por sus vidas, pues cada vida es valiosa y un fin en sí misma.

A Vulcano nuestra más profunda compasión en esa mañana de sangre y polvo. No nos cabe duda de que un día Tordesillas, y todos los que se llaman a sí mismos intelectuales, sentirán vergüenza y horror por los festejos que tanto defendieron. De la misma manera que hoy nos provocan horror los relatos de los espectáculos de circo romanos, en los que lucharon hombres y animales hasta morir.

Coordinadoras:
Dra. Carme Fitó Prat
Dra. Mara Martínez Morant

Componentes del grupo:
Dra. Eva Canaleta Safont
Dra. Ariadna Nieto
Sra. Marta Arnaus (Investigadora doctoranda)
Sra. Mireia Campanera Reig (Investigadora doctoranda)

Barcelona, 18 de septiembre de 2013

 

Perpet(r/u)adores de la barbarie y el dolor agónico

Este miércoles y jueves pasados (10 y 11 de julio) se ha estado debatiendo en el Congreso de los Diputados la ILP protaurina que pretende declarar la tauromaquia Bien de Interés Cultural (BIC). Esta Iniciativa Legislativa Popular ha sido promovida por la Federación de Entidades Taurinas de Catalunya, que siguen rabiando ansiosos de contemplar sangre y tortura taurinas en estas tierras. Recordemos que en Catalunya, el 28 de julio de 2010, tras una dura ILP, se aprobó la abolición de las corridas de toros y la ley entró en vigor en enero de 2012.

Todos sabemos que van a aprobar la ILP sin problemas y con honores y laureles. Con el gobierno casposo que tenemos (y otros que no están en el gobierno pero que también están en el Congreso), ni siquiera hacía falta promoverla, como seguramente tampoco hará falta promover que vuelvan a poner la hurraca en la bandera oficial del estado, ni que vuelvan a hacer cantar el cara al sol a los escolares, todo llegará “solo”. En cualquier caso, me parece curioso que esta ILP, que quiere que la tauromaquia siga siendo subvencionada y protegida con dinero público al serle otorgado el reconocimiento este que llaman “BIC”, esté pasando bastante desapercibida entre la gente, incluso en los grandes medios del Régimen. No sé si es bueno o es malo, pero por lo menos, es curioso porque yo entendía que las ILP eran cuestiones que preocupaban al pueblo (y que por lo tanto estaban en la calle, se hablaba de ello, etc.) y no tengo esta sensación de que se hable de ello salvo en círculos animalistas o antianimalistas. No sé si esa indiferencia de la gente de la calle es porque los que callan otorgan y están de acuerdo (aunque hubieran ido raudos y veloces a firmar la ILP, no?) o más bien es porque a nadie le parece vital que la tauromaquia sea BIC. También hacer notar que estos de la ILP protaurina han conseguido poco más de 500.000 firmas en todo el Estado (las mínimas requeridas) en casi 12 meses (la ILP antitaurina de Catalunya recogió 105.000 firmas solo en Catalunya, más del doble de las mínimas requeridas, y en solo 4 meses, que era el plazo marcado por ley aquí) y va a conseguir la aprobación en el Congreso. La ILP de la PAH, que pedía una solución económica y social para los afectados por la estafa de las hipotecas, llegó al congreso con más de 1.400.000 firmas y la tumbaron. En fin. Será un tema de prioridades.

José Enrique Zaldívar es veterinario de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT). En su comparecencia (muy parecida a la que en su día dió en el Parlament) explica de manera muy clara y creo que muy bien argumentada con datos objetivos, las consecuencias de la lidia en el toro, el daño que se le inflige a este durante la lidia desde un punto de vista físico y las lesiones físicas y anatómicas que se le producen al toro y el dolor que como consecuencia de ello, sufre en lenta agonía hasta su muerte. Por eso he puesto el link, no es muy largo y creo que vale la pena escucharlo.

Como veréis que dice Zaldívar, incluso en los propios reglamentos de la lidia, se usan términos como “castigo” y “agonía”. ¿Pero esto no habíamos quedado que solo era propio de humanos? Aaa…migos… Es lo de siempre: lo que se niega del animal (capacidad de sentir emociones-miedo, dolor, ira, etc., capacidad de sufrir, de sentir dolor físico) es justamente lo que se usa para estructurar una práctica y provocar los resultados que se buscan en el animal: que el toro reaccione de una manera determinada para que desempeñe el papel que le han asignado dentro del show, que no es otro que el rol de toro “bravo” y que “pelea” (lucha por su vida ante un ataque salvaje para el que nadie le ha entrenado ni le ha avisado previamente). De esta manera, el macabro espectáculo parece una coreografía artística. Sí, y es macabro, sí, y eso no se puede negar, porque aún en el caso de que no supiéramos ni viéramos el sufrimiento del toro, lo que sí se ve es cómo se burla al toro, cómo se le humilla, cómo se le hiere, cómo sangra, cómo se le da muerte. Y eso no me puede negar nadie que es lo que se ve si se mira una corrida. El espectáculo es macabro si uno observa desde fuera a aquellos que, no solo les importa una mierda el sufrimiento de un animal, sino que además les hace gracia y es lo que pagan por ver.

No me quiero enrollar mucho más, pero evidentemente la clave está en la consideración del toro y el lugar que ocupan los animales dentro de la “cosmovisión” de nuestra sociedad. En nuestra sociedad los animales no-humanos son no-personas (no solo que no son considerados personas, sino que son individuos que son definidos justamente por negación y contraposición: no-persona/no-humano), por tanto, el sufrimiento de un animal no-humano no es relevante. Estoy cansada de ver estudios panegíricos y etnografías pretendidamente “objetivas” sobre la “fiesta” y en ninguna se dedica siquiera un capítulo a hablar del toro (pero no en términos simbólicos, metafísicos, estéticos, no: hablar del toro y de lo que le pasa a este). El toro simplemente no es un “otro”, no es ni social, ni individual, ni etnográficamente relevante y por tanto se omite, no está. No importa. En cuanto al espectáculo en sí, nadie considera importante que un animal sufra, da lo mismo. La empatía se frena cuando el “otro” es un animal no-humano. La empatía no ha lugar cuando consideramos que el “otro” no solo no tiene nada en común con “nosotros”, sino que además consideramos que posee atributos antitéticos a nosotros y que consideramos moralmente inferiores a los nuestros.

En fin. Barbarie, en la segunda acepción de la RAE, significa “fiereza, crueldad”. Y no nos referimos a la bestias, no. A pesar de que para griegos y romanos el bárbaro siempre era el (y lo) que venía de fuera, paradójicamente en este caso, el bárbaro, es el que pretende institucionalizar y perpetuar por ley la barbarie desde dentro, es justamente el que está aquí y es el que se considera el más legitimado para representar y hablar en nombre de la cultura y de la identidad autóctonas.

Que no me cuenten milongas tradicionalistas, ni artísticas, ni literarias, ni estéticas: infligir un castigo a un animal para provocarle agonía y muerte sabiendo perfectamente y reconociendo que se le provoca dolor, es simplemente inaceptable. Por ahí no paso, no. Solo espero que algún día los animales humanos dejen a los toros y al resto de animales vivir y morir en paz.